Un sueño cumplido, la Magdalena de Santander

Desde pequeña he visitado Santander porque mis abuelos paternos cántabros y entre mis recuerdos de aquella época están las procesiones en Semana Santa por el Paseo Pereda, los conciertos en la Plaza porticada, la maravillosa playa del Sardinero con un mar que cortaba los pies pero que cuando lograba entrar en él, sus olas me hacían pasar uno de los mejores momentos que recuerdo de mi infancia, y de un sinfín de cosas más.

Recuerdo que el Palacio de la Magdalena lo veía a lo lejos como el palacio de la Cenicienta, pero nunca subí a él hasta que, hace unos años, asistí a la boda de un primo mío, cántabro por supuesto. Sin embargo, a pesar de ese primer contacto con el palacio nunca lo conocí de verdad.

Mi padre ha sido alumno y ponente de la Magdalena de la universidad Menéndez Pelayo en multitud de ocasiones y, cuando regresaba de los cursos a casa y me contaba sobre su experiencia, siempre sentía un poquito de envidia y me prometí a mí misma que algún día sería yo la que asistiera a esos cursos bien como alumna bien como docente.

LA MAGDALENA 2

Pues ese día ha llegado. La semana pasada he asistido al CURSO DERECHO COLABORATIVO. NUEVO MÉTODO DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS EN ESPAÑA  DE LA UNIVERSIDAD INTERNACIONAL MENÉNDEZ PELAYO  en el Palacio de la Magdalena.

Como en este foro se trata de hablar sobre turismo solo diré a modo de resumen que en un momento donde los cursos se regalan sin haber participado, donde los ponentes no son lo que dicen ser, donde el dinero destinado a los mismos se lo llevan los organizadores, en fin, las noticias que escuchamos todos los días, da gusto saber que no siempre es así, que la UNIVERSIDAD MENEDEZ PELAYO mantiene su tradición y su compromiso con la cultura y el conocimiento con el compromiso con la sociedad como reza su slogan y los cursos son tan serios como publicitan, los ponentes tan importantes como aseguran sus currículums  y los contenidos son interesantes y excepcionales.

CABALLERCIZAS

Y, desde el punto turístico, conocer o mejor dicho reconocer Santander teniendo como punto de partida el palacio ha sido un descubrimiento.

La Magdalena  es, tal y como me imaginaba, de cuento. Alrededor del palacio las vistas son inigualables, con el faro de la Punta de la Cerda y el faro de  la Isla de Mouro, el paseo hasta las caballerizas reutilizadas hoy como cafetería y habitaciones para los alumnos.

Cuando desciendes por  un lado de la ladera te encuentras con el museo al aire libre «El hombre y el mar», donde te encuentras con la reproducción de las tres carabelas de Colón, una balsa, y una burbuja submarina de descenso. De ahí sale una plataforma que te acerca al mini-zoo, donde se pueden ver focas y leones marinos.

LA MAGDALENA

Salir del Palacio situada en la parte baja de la montaña donde se sitúa el palacio  supone la elección de dirigirte a la derecha hacia la playa del sardinero o hacia la izquierda, al centro de Santander por el Paseo Pereda con  el maravilloso mar cantábrico a la izquierda que te acompaña hasta llegar a nuestro destino que no es otro que la Plaza de Cañadío.

Bullicio y alegría es lo que define a esta Plaza, bares y restaurantes de tapas que no tienen nada que envidiar a las afamadas del País Vasco. Tras comer en el restaurante Cañadío , el “Blues” es el mejor local para tomarte una copa. Allí los encantadores y afamados surfistas de día Manuel y Jose te atenderán como solo ellos saben, buenos cócteles, música  y ambiente espectacular.

Y aunque solo fueron dos días,  si París bien vale una misa, Santander merece mucho más. Volveré.