Apenas media hora separa la Puerta del Sol de la Chinatown madrileña. Te compras una napolitana de chocolate en la castiza Mallorquina y antes de que te chupes los dedos estás en la estación de Usera. Los pasillos decorados en rojo con siluetas de farolillos y dragones te anuncian de que has llegado a China. Y cuando asomas a la superficie te topas con cuatro continentes, representados por el Manchego Café Bar, Horno de pan Chimbo, Sandwich House y Mr. Orange Bubble Tea, este último con los caracteres en cantonés. Todos en línea.
Con una extensión casi la mitad de la ciudad Autónoma de Melilla y una población próxima a Badajoz, Usera, distrito sureño, es un espacio multicultural. Sin embargo, sobresale la comunidad china, cuyos ideogramas, restaurantes y manifestaciones culturales asumen el protagonismo de este “melting pot”.

“Chinatown es un espacio real, no es una construcción de cartón piedra”, destaca Loreto Sordo, ex concejala en el distrito. “Hablamos de 12.000 personas que viven, trabajan y se han arraigado”, reitera la actual consejera de la Alcaldía madrileña.
Sordo vivió en primera persona la expansión de la comunidad asiática y el trabajo hecho por facilitar la integración. “Hemos realizado una remodelación urbanística gigante que permite la comunicación con el resto de la ciudad”. Un camino peatonal, en el que se han invertido nueve millones de euros “una brutalidad para el presupuesto de un distrito”, conecta con Usera a través de Matadero Madrid. Las mejoras afectan a un puñado de calles y plazuelas.
Kristal y Kalia, hondureñas, estudiantes de bachillerato, han vivido esta transformación. “Aquí había terraplenes, no estaba este semáforo. Ahora es más bonito y seguro”. En su colegio hay pocos chinos, de ahí que solo han aprendido a decir hola. ”Se pronuncia Nijao, pero no sé cómo se escribe”.
Aitor Muñoz, propietario de “La bombilla mágica”, una tienda de electricidad que huele a incienso, reconoce que el cambio está “guay”, pero le han fastidiado poder entrar en coche.
Premio al intercambio cultural
La Fundación Cátedra China ha premiado la actuación urbanística como un reconocimiento al “intercambio cultural”, por su compromiso con “el diálogo intercultural y la cooperación bilateral”, dentro de la IX edición de los Premios Cátedra China. Almudena Maíllo, delegada de Turismo del Ayuntamiento de Madrid, aseguró que el proyecto tiene un significado claro de acercar la ciudad a las personas y reforzar la conexión entre barrios“ .”Apostar por Usera es apostar por una ciudad más equilibrada, en la que la calidad humana llega a todos los distritos”, aseguró tras recoger el premio entregado por He Yong, ministro consejero de Cultura de la Embajada de la República Popular China, y Susan Muñoz, vicepresidenta de la Fundación Cátedra china.

Cátedra China es la única fundación en España sin ánimo de lucro dedicada, de forma transversal y continuada, a fomentar las relaciones entre España y China. Contribuye a dar a conocer en España la realidad de China y favorecer cooperaciones estables y constructivas entre ambos países. Yao Jing, embajador de la República Popular China en España, agradeció personalmente a Marcelo Muñoz , presidente de Cátedra China el trabajo realizado. “Gracias a usted las personas de estas dos grandes naciones pueden reunirse y tener la oportunidad de comunicarse entre sí.”

Del paseo por el corazón de la Chinatown madrileña en una mañana lluviosa , he sacado tres conclusiones: primero; que los chinos de Usera viajan poco por ocio “van a ver a sus familias”, confirma Stéfano, nombre castellanizado, de Infa, empleado en la Agencia de Viajes abierta hace un año.; dos; que los chinos se sienten más cómodos entre ellos. “En mi tienda entran muy pocos asiáticos”, confiesa Muñoz. Tercero; que ese gato que mueve la mano en los escaparates chinos atrae dinero.
En el supermercado Wuang Zho de la calle Nicolás Sánchez, el ambiente es de plaza de pueblo. Los parroquianos charlan y ríen .La dependienta, una oriental de 21 años, nacida en Usera, me pide 3,70 euros por los brotes de soja y el tofu duro. Serán las únicas palabras que intercambie en castellano.
