La guerra en Irán sacude el turismo en Turquía: récords rotos y reservas canceladas

Turquía comenzó 2026 en la cima. El ministro turco de Cultura, Mehmet Nuri Ersoy, anunció que 64 millones de personas visitaron el país en 2025, generando unos ingresos históricos por turismo de 65.200 millones de dólares.  Era el mejor dato de su historia. Dos meses después, el escenario había cambiado por completo.

Desde el 28 de febrero de 2026, tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, una gran incertidumbre se ha instalado entre los operadores turísticos.  Lo que había sido una temporada de récords se ha convertido, en pocas semanas, en una carrera contra las cancelaciones.

El colapso que nadie esperaba

El impacto no ha sido gradual. Ha sido brusco y concentrado en una franja geográfica muy concreta.

Onur Tuncdemir, jefe de ventas y marketing de Ayanis Tour, declaró a Deutsche Welle que los viajes desde los países vecinos del este y el sureste “se han colapsado por completo” unas tres semanas después del inicio de la guerra.  Irán e Irak, que solían ser importantes mercados emisores de viajeros hacia Turquía, se han visto especialmente afectados.

Las cifras dan contexto a la magnitud del problema. Según la Oficina de Estadística turca TÜIK, una media de unos 3,3 millones de iraníes viajaban a Turquía cada año.  Ese flujo, construido durante años, se ha interrumpido de golpe. El propio Tuncdemir reconoció que en las últimas semanas su empresa solo ha gestionado cancelaciones y devoluciones de depósitos ya aceptados.

Bodrum, Antalya e Estambul: la calma que no convence del todo

No todo el mapa turístico turco está en rojo. Khan Kavaloglu, presidente de la Asociación de Hoteleros del Mediterráneo (AKTOB), aseguró que hasta la fecha no se han producido cancelaciones significativas en Bodrum, Estambul o Antalya.

Los gobiernos europeos, por ahora, respaldan esa lectura con matices. El Ministerio Federal de Asuntos Exteriores alemán desaconseja los viajes no esenciales a determinadas zonas fronterizas con Irán, Irak y Siria, pero considera que las típicas regiones vacacionales de la Riviera turca y ciudades como Antalya, Bodrum o Estambul siguen siendo en gran medida seguras.

Sin embargo, la tranquilidad oficial no disipa la inquietud. El mismo ministerio advierte de que una intensificación de la situación de seguridad en Oriente Próximo podría repercutir en países que aún no se han visto directamente implicados en el conflicto.  Es la clase de advertencia que los turistas leen entre líneas antes de pulsar el botón de “confirmar reserva”.

Turquía, destino favorito que ahora genera dudas

El momento es especialmente delicado porque Turquía no era un destino secundario para el turismo europeo. Era el destino. Según la Asociación Alemana de Viajes, Turquía fue el destino de vacaciones de verano más popular entre mayo y octubre, tanto en términos de ventas como en número de reservas.  En el verano de 2025, España lideró los viajes en avión a destinos europeos con 10,5 millones de pasajeros alemanes, mientras que Turquía ocupó el segundo lugar con 7,7 millones.

Que el segundo destino más popular de Europa empiece a generar incertidumbre no es un problema menor. El verano se decide ahora, en las semanas en que los viajeros comparan precios, consultan avisos de seguridad y terminan de decidirse. Cada noticia sobre escalada en la región es, también, una noticia sobre reservas que no se harán.

Una nueva directiva europea que llega en el peor momento

Como si el contexto geopolítico no fuera suficiente presión, el sector del turismo combinado afronta además un cambio regulatorio de calado. La UE planea una revisión exhaustiva de la directiva sobre viajes combinados, con definiciones más claras sobre qué constituye un paquete turístico y normas inequívocas sobre los derechos de los viajeros en caso de cancelación. La medida más controvertida es la ampliación de la definición de viaje combinado. En el futuro, varios servicios reservados individualmente pero próximos en el tiempo podrían considerarse automáticamente un viaje combinado, lo que haría a las agencias más responsables como organizadoras.

Asociaciones del sector advierten de que los nuevos requisitos podrían elevar los costes y suponer una carga considerable para los pequeños y medianos proveedores, con el riesgo de que esos costes acaben repercutiendo en los consumidores en forma de precios más altos.  Los Estados miembros tendrán un plazo de 36 meses para transponer la directiva, por lo que no se prevé que las nuevas normas entren en vigor hasta 2029.

Un verano en suspenso

Turquía tiene un problema que no puede resolver con campañas de marketing ni con descuentos de última hora: la incertidumbre geopolítica no responde a ese tipo de estímulos. Los viajeros que dudan no necesitan una oferta. Necesitan seguridad.

El sector turístico turco ha demostrado en el pasado una capacidad notable para recuperarse de crisis —atentados, tensiones diplomáticas, pandemias—. Pero esta vez la variable que lo amenaza no está dentro de sus fronteras, sino en un conflicto regional que no controla y cuya evolución nadie puede predecir con certeza.

Los récords de 2025 quedan ya muy lejos. Lo que viene depende, en buena medida, de lo que ocurra en los próximos meses a cientos de kilómetros al sur y al este de Estambul.​​​​​​​​​​​​​​​​