Una acumula veinte años de ensayos clínicos y una cifra que ya es casi un eslogan: reduce en un 30% el riesgo cardiovascular. La otra acaba de publicar en JAMA Network Open el primer ensayo aleatorizado sobre su propio patrón alimentario. Radiografía, con datos, de las dos grandes dietas de la península Ibérica.
Hay una diferencia incómoda entre la fama y la evidencia, y en el mundo de la nutrición esa diferencia se paga cara. Durante décadas, la dieta mediterránea disfrutó de ambas cosas: fama planetaria y una montaña de estudios que la respaldaban. La dieta atlántica, en cambio, vivía de la primera sin apenas la segunda: un patrón alimentario real, practicado a diario en Galicia y el norte de Portugal, pero sin el aval de un ensayo clínico propio que demostrara, con el rigor que exige la ciencia, si de verdad protegía la salud o si era simplemente buena cocina con suerte epidemiológica. Esa asimetría empezó a corregirse en 2024. Y el resultado es el primer cara a cara serio, con datos sobre la mesa, entre dos formas de comer que llevan siglos disputándose la costa.
PREDIMED: veinte años de ventaja
La dieta mediterránea no necesita presentación porque ya tiene currículum. El estudio PREDIMED, iniciado en 2003, reclutó a 7.447 voluntarios de entre 55 y 80 años con alto riesgo cardiovascular pero sin enfermedad declarada, y los dividió en tres grupos: dos siguiendo dieta mediterránea —uno suplementado con aceite de oliva virgen extra, otro con frutos secos— y un tercero con una dieta baja en grasa como control. Los resultados, publicados en el New England Journal of Medicine, mostraron una reducción del 30% en el riesgo de enfermedad cardiovascular y de casi el 49% en el riesgo de ictus entre quienes seguían el patrón mediterráneo enriquecido.
El dato no es anecdótico. El grupo con aceite de oliva mostró una razón de riesgo ajustada de 0,70 frente al grupo control, y el de frutos secos, de 0,72, cifras que en el lenguaje de la epidemiología cardiovascular equivalen a un efecto protector sólido y estadísticamente robusto. A partir de esos resultados se ha documentado también una menor incidencia de diabetes tipo 2, síndrome metabólico, fibrilación auricular, hipertensión y deterioro cognitivo entre los adherentes al patrón mediterráneo. Es, en pocas palabras, uno de los ensayos nutricionales más citados de la medicina moderna.
Durante años, comparar ambas dietas era comparar una tesis doctoral con una tradición oral. Eso ha cambiado.
GALIAT: el ensayo que faltaba
La respuesta atlántica llegó con nombre de acrónimo: GALIAT. El ensayo evaluó el impacto de una intervención nutricional basada en la dieta atlántica sobre la salud metabólica de 250 familias —720 adultos y niños—, divididas aleatoriamente en un grupo de intervención y otro de control. Durante seis meses, las 126 familias del grupo de intervención participaron en un programa de educación nutricional y gastronómica diseñado para fomentar cambios sostenibles en los hábitos, no solo una lista de alimentos permitidos.
Los resultados, coordinados por la doctora Mar Calvo Malvar del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela, demostraron que la alineación con la dieta atlántica se asocia con menores factores de riesgo estrechamente ligados a la salud metabólica, como la obesidad central o los niveles de colesterol. En concreto, la dieta atlántica se asoció con una reducción del peso corporal, del índice de masa corporal, de las medidas de adiposidad y también del colesterol total y del colesterol LDL. El riesgo de desarrollar síndrome metabólico resultó significativamente menor en el grupo de intervención frente al grupo control.
Lo relevante, según sus propios autores, no es solo el resultado sino el método. Se trata del primer trabajo que evalúa el consumo real de alimentos mediante un ensayo clínico controlado, el diseño experimental que proporciona el mayor grado de evidencia científica en humanos, algo que hasta ahora no se había hecho con la dieta atlántica. El estudio, titulado «Traditional Atlantic Diet and Its Effect on Health and the Environment: A Secondary Analysis of the GALIAT Cluster Randomized Clinical Trial», se publicó en JAMA Network Open en 2024, la misma familia de revistas que ha dado cobijo a buena parte de la literatura sobre PREDIMED.
DOS ENSAYOS, DOS ESCALAS
- PREDIMED: 7.447 participantes, 55-80 años, alto riesgo cardiovascular, seguimiento de varios años, publicado en NEJM (2013)
- GALIAT: 720 participantes (250 familias), diseño comunitario intergeneracional, intervención de 6 meses, publicado en JAMA Network Open (2024)
- Ambos son ensayos aleatorizados y controlados, el estándar de mayor rigor en investigación clínica
- PREDIMED mide sobre todo eventos cardiovasculares mayores; GALIAT mide marcadores de síndrome metabólico
Qué mide cada dieta, y por qué importa
La diferencia de escala entre ambos ensayos no es casual: refleja también la diferencia de composición entre las dos dietas. La mediterránea se apoya en un uso intensivo del aceite de oliva como grasa principal y en un consumo elevado de legumbres, frutas y verduras, con mayor peso de los cereales como fuente energética. La atlántica, en cambio, da más peso a los alimentos proteicos —pescado y marisco, sobre todo— frente a los cereales, con las grasas saludables procediendo principalmente de los ácidos grasos omega-3 del pescado en lugar del aceite de oliva como fuente casi exclusiva.
Esa diferencia bioquímica explica, al menos en parte, por qué los resultados de ambos ensayos apuntan a mecanismos distintos: PREDIMED documenta sobre todo un efecto protector cardiovascular ligado al perfil lipídico del aceite de oliva y los frutos secos, mientras que GALIAT registra mejoras en marcadores metabólicos —peso, adiposidad, colesterol LDL— más asociadas al perfil proteico y graso del pescado. No son, en sentido estricto, la misma intervención con distinto nombre: son dos patrones dietéticos con mecanismos de acción parcialmente distintos, evaluados con metodologías comparables.
Lo que la evidencia no dice todavía
Conviene no exagerar lo que ya sabemos. GALIAT es un ensayo comunitario de seis meses, no un seguimiento a largo plazo de eventos cardiovasculares mayores como PREDIMED, que se prolongó durante años y midió infartos, ictus y muerte cardiovascular como variable principal. Comparar ambos estudios en igualdad de condiciones sería, por ahora, un error metodológico: GALIAT demuestra un efecto real sobre marcadores de riesgo metabólico a corto plazo; PREDIMED demuestra un efecto real sobre eventos clínicos duros a largo plazo. Que la dieta atlántica reduzca el colesterol LDL y la adiposidad central es una noticia sólida, pero todavía no equivale, en volumen de evidencia acumulada, a las dos décadas de ensayos y metaanálisis que sostienen a la mediterránea.
Dicho esto, la dirección del hallazgo es la misma en ambos casos, y esa coincidencia importa: dos patrones alimentarios distintos, evaluados con el diseño experimental más exigente que existe en nutrición humana, producen mejoras metabólicas y cardiovasculares medibles frente a la dieta occidental de referencia. La ciencia, por una vez, no obliga a elegir bando. Simplemente confirma que ambas cocinas —la del aceite y la del pescado— llevaban razón antes de que nadie las pusiera a prueba en un laboratorio.
Aquí tienes una comparación de la composición de los principales alimentos de la dieta atlántica y la dieta mediterránea:
| Grupo de alimentos | Dieta Atlántica | Dieta Mediterránea |
| Pescado y marisco | Muy alto consumo, especialmente pescado azul (sardina, caballa, jurel, salmón) y mariscos. | Alto consumo, con predominio de pescado azul y blanco. |
| Carnes | Consumo moderado, con mayor presencia de carnes magras y algo más de carne de vacuno que en la mediterránea. | Consumo moderado-bajo; predominan aves y poca carne roja. |
| Verduras y hortalizas | Muy abundantes, especialmente coles, grelos, berzas, nabos y verduras de temporada. | Muy abundantes y variadas: tomate, pimiento, berenjena, calabacín, espinacas, etc. |
| Frutas | Consumo diario de frutas locales (manzana, pera, kiwi, cítricos, frutos del bosque). | Consumo diario de frutas frescas de temporada. |
| Legumbres | Muy frecuentes (fabas, alubias, lentejas, garbanzos). | Muy frecuentes (lentejas, garbanzos, judías). |
| Cereales | Pan, maíz, centeno, avena y patata como alimento básico. | Predominio del trigo (pan y pasta) y arroz; patata en menor medida. |
| Aceites y grasas | Principalmente aceite de oliva, aunque también se utilizan pequeñas cantidades de mantequilla en algunas zonas del norte. | Aceite de oliva virgen extra como principal fuente de grasa. |
| Frutos secos | Consumo moderado de nueces y avellanas. | Consumo frecuente de almendras, nueces, pistachos y avellanas. |
| Lácteos | Mayor consumo de leche, quesos y yogures, generalmente fermentados. | Consumo moderado, sobre todo yogur y queso. |
| Vino | Moderado y normalmente durante las comidas. | Moderado y durante las comidas en quienes lo consumen. |
| Productos procesados | Muy escasos. | Muy escasos. |
Características nutricionales
Dieta Atlántica
- Mayor aporte de proteínas de alta calidad gracias al pescado y marisco.
- Rica en ácidos grasos omega-3.
- Alto contenido en fibra, vitaminas y minerales.
- Elevado aporte de yodo, selenio y vitamina D.
- Gran presencia de alimentos frescos, locales y de temporada.
Dieta Mediterránea
- Rica en grasas monoinsaturadas procedentes del aceite de oliva virgen extra.
- Alto contenido de polifenoles y antioxidantes.
- Elevado consumo de fibra.
- Buena fuente de vitaminas A, C, E y compuestos antiinflamatorios.
- Predominio de alimentos vegetales y consumo moderado de proteínas animales.
¿Cuál es más saludable?
La evidencia científica muestra que ambos patrones alimentarios se encuentran entre los más saludables del mundo. Los dos se asocian con:
- Menor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
- Menor incidencia de diabetes tipo 2.
- Menor riesgo de algunos tipos de cáncer.
- Mayor longevidad y mejor calidad de vida.
La principal diferencia es que la dieta atlántica incorpora una mayor cantidad de pescado, marisco, verduras de hoja, patatas y lácteos, mientras que la mediterránea da un protagonismo aún mayor al aceite de oliva, las hortalizas variadas, las frutas y los cereales integrales.
Diversos estudios sugieren que la dieta atlántica ofrece una protección cardiovascular comparable a la mediterránea y podría aportar ventajas adicionales por su mayor contenido en omega-3 marinos y alimentos fermentados, aunque la dieta mediterránea cuenta con un volumen de investigación más amplio debido a décadas de estudios internacionales.
