Iberia cumple en 2027 un siglo de historia. Y la mejor forma de contarla es mirando por la ventanilla
Siéntese junto a la ventanilla. Abróchese el cinturón. Olvide el reloj. Este vuelo no dura tres horas ni doce. Dura cien años. Y no hay película a bordo, porque la película está ahí fuera, pasando despacio por el cristal.
1927. SILLAS DE MIMBRE Y UN SUEÑO DE DIEZ PLAZAS
Por la ventanilla se ve un campo de aviación y un empresario con ideas de sobra. Se llama Horacio Echevarrieta. Ha levantado barrios, astilleros y compañías eléctricas. Ahora quiere levantar un país entero, aunque sea a unos pocos metros del suelo.
El 28 de junio de 1927 se firma la escritura de Iberia, Compañía Aérea de Transporte. Con la alemana Lufthansa como cómplice. El 14 de diciembre, tres trimotores Rohrbach Roland esperan en la pista. Diez personas se sientan en sillas de mimbre. Sí, de mimbre. Como en una terraza. El billete cuesta 163 pesetas y el viaje dura tres horas y media.
La anécdota la cuentan todos los cronistas, y a mí me encanta. El estreno soñado era un Madrid-Barcelona con el rey Alfonso XIII de invitado estrella. Pero un Barcelona-Madrid salió dos horas antes y aterrizó cuando los ilustres ya se habían marchado. Iberia nació, como tantas cosas españolas, empezando antes de que la ceremonia estuviera lista.
En su primer mes hizo 57 vuelos y llevó a 287 pasajeros. Poca gente. Pero ya había cielo.
1929-1938. LAS CUATRO IBERIAS
La ventanilla se empaña. El 29 de mayo de 1929, apenas año y medio después de despegar, la compañía deja de volar. Queda absorbida por otras empresas que se disputan el incipiente tráfico aéreo español. Pero conserva lo único que no se puede apagar: el nombre. Un nombre registrado en un cajón, esperando.
Los historiadores cuentan hasta cuatro Iberias. La de 1927. La de 1937, reactivada desde Salamanca en plena guerra, con Junkers Ju 52 llegados de Alemania. La de 1940, nacida en una España deprimida. Y la de 1944, cuando el Estado la compra entera y la mete en el Instituto Nacional de Industria. Esa cuarta Iberia es la que, por fin, se queda para siempre.
Piénsenlo. Una empresa que muere, resucita, cambia de dueño y vuelve a empezar. Y el mismo nombre, intacto, como una matrícula que pasa de avión en avión.
1939. EL PRIMER SALTO
El 1 de mayo de 1939, un avión de Iberia despega con destino a Lisboa. Es su primer servicio regular a un destino internacional. Es un salto corto. Pero ahí, por primera vez, la ventanilla enmarca otro país.
CANARIAS, EL TRAMPOLÍN
Y ahora mire hacia abajo. Ese puntito de roca en medio del azul. Esa mancha con volcanes.
A finales de los años treinta, los Junkers de Iberia ya enlazaban Sevilla, Larache, Cabo Juby y Las Palmas. Las islas eran la última parada antes del vacío. En enero de 1946, un Junkers 52 de la compañía despegaba de Tenerife, tocaba Gran Canaria y seguía hacia Cabo Juby y Sidi Ifni, a los mandos de Luis Guil Valverde. Era el primer vuelo comercial que pisaba la pista de Lanzarote.
Para los que nacimos en este archipiélago, ese dato no es una nota al pie. Es la prueba de que siempre fuimos escala, pero también puerta. Hoy, con Iberia Express, más de veinte millones de pasajeros han volado entre Canarias y Madrid en doce años. En verano llegan a salir hasta trece vuelos diarios hacia Tenerife. De aquel Junkers a este puente aéreo hay un siglo de islas que se acercan.
1946. TREINTA Y SEIS HORAS HACIA EL OTRO LADO
Aquí el cristal se llena de mar. El 22 de septiembre de 1946, un DC-4 sale de Madrid rumbo a Buenos Aires. Hace escala en Villa Cisneros, Natal y Río de Janeiro. Tarda unas 36 horas. Iberia se convierte así en la primera aerolínea en unir Europa y Sudamérica después de la Segunda Guerra Mundial.
Treinta y seis horas. Hoy, en ese tiempo, uno ve una temporada entera de una serie. Entonces, se cruzaba un océano. Y fue en ese viaje donde aparecieron las azafatas, para que nadie se sintiera solo tantas horas sobre el agua. Aquel vuelo no inauguró solo una ruta. Inauguró un idioma común de aeropuertos, despedidas y maletas con acento.
Tres años después, el 5 de julio de 1949, el vuelo IB981 despega rumbo a San Juan de Puerto Rico y Caracas. Una vez por semana, los martes, con escala en Las Palmas, en la isla de Sal y en Puerto España.
Hoy la ruta de Buenos Aires cumple 80 años. Este verano ha llegado a tener cuatro vuelos diarios entre las dos orillas, un récord histórico.
LOS AÑOS DE LAS CARABELAS
Los Lockheed Super Constellation que sirvieron a América se bautizaron Niña, Pinta y Santa María. Los nombres de las tres carabelas de Colón. Iberia siempre tuvo ese sentido de la épica. No volaba a un destino. Repetía un viaje.
1961. LOS PINTORES TOMAN EL CIELO
El 29 de mayo de 1961 llegan los primeros reactores, tres DC-8. Se llaman Velázquez, El Greco y Goya. Es difícil imaginar mejor tripulación. España pasa de la hélice al reactor con el Museo del Prado a bordo.
Los aviones suben más alto, huyen de las tormentas y ganan velocidad. La ventanilla, de pronto, ya no enseña nubes. Enseña el techo del mundo.
1970. EL JUMBO
En octubre de 1970 aterriza el Boeing 747. El Jumbo. Un avión con joroba, enorme, que parecía no caber en el cielo. Iberia fue una de las primeras compañías en volarlo. Poco después llega el DC-10 «Costa Brava», con pinturas de Salvador Dalí a bordo. Volar, de repente, también era una cuestión de estilo.
En 1981, uno de esos 747 viaja de Nueva York a Madrid con un pasajero único en la bodega. Es el Guernica de Picasso. Nunca un avión de línea llevó una carga con tanta historia dentro.
1974. LLEGAR Y VOLAR
La ventanilla vuelve a mirar hacia dentro. En 1974 nace el Puente Aéreo Madrid-Barcelona. Sin reserva. Sin hora fija. Dos aviones, uno en cada ciudad, que despegaban cuando se llenaban. «Llegar y volar», decía el lema. Una frase que podría resumir un siglo.
Así que la compañía cerró el círculo. Aquella ruta con la que había empezado en 1927 se convertía, casi medio siglo después, en la primera de su tipo en Europa.
LAS VOCES DEL AIRE
Un mecánico de Iberia, Ángel Álvarez, volaba a Estados Unidos y volvía con discos bajo el brazo. Con ellos construyó Vuelo 605, un programa de radio que desde 1963 hasta 2004 enseñó a España a escuchar pop en inglés. Esta compañía no solo ha llevado gente de un lado a otro. Ha llevado también canciones.
En 1985, Iberia contrata a su primera mujer piloto. Tarde, como casi todo. Pero llegó.
LOS AÑOS DE LA MODERNIDAD
Los ochenta y los noventa traen otra piel. Iberia ayuda a fundar Amadeus, el sistema que permitió a las agencias de viajes vender billetes desde una sola pantalla. En 1990, su Hangar 6 de Barajas entra en el Guinness por ser el mayor hangar transparente de Europa sin columnas. Una catedral de cristal para aviones.
En 1992, con Barcelona y Sevilla en el escaparate del mundo, la compañía patrocina los Juegos Olímpicos y la Exposición Universal. España se enseñaba, y ella la llevaba.
2001-2011. SALIR A BOLSA, UNIRSE A OTROS
En abril de 2001 sale a bolsa. Tras casi toda su vida en manos del Estado, vuelve al ámbito privado del que nació. El 21 de enero de 2011 se une a British Airways y da lugar a IAG. Dos banderas, dos nombres, un mismo holding.
Los aviones de siempre se jubilan. En octubre de 2008 volaba por última vez el MD-88. Entran los Airbus. Todo cambia. Menos el nombre en la cola.
2027. LA ÚLTIMA FILA
Hoy, cuando Iberia mira hacia atrás, ve más de mil millones de pasajeros. Mira hacia delante y ve un año de conmemoraciones. Un vuelo especial, el IB100. Una librea que mezcla lo retro con lo nuevo. Un gran acto en junio, justo cien años después de aquella firma.
