La guerra de los idiotas

Elon Musk y Robert O’Leary comparten una obsesión: colonizar Marte en una nave privada y huir de la Tierra. Para ambos, el problema de este planeta no es el cambio climático, ni las pandemias, ni siquiera la desigualdad. El problema es la gente.

Lo dijo claramente Lenny Bruce, que también era un provocador: “El problema no es que haya demasiados idiotas, sino que los idiotas estén tan bien organizados”. La proliferación exponencial de personas con opiniones fuertes y conocimiento débil es una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo. No importa que confundan datos, ni que no contrasten fuentes, ni que se informen en burbujas.

La guerra de los idiotas está servida. Solo falta saber quién de los dos tiene el ejército más grande.

Sucede lo mismo, que no todas las locuras reciben el mismo altavoz. Hoy, cualquier ocurrencia encuentra su eco en las redes. Antes, los disparates estaban confinados a la barra del bar o al comedor familiar. Ahora se viralizan y se presentan como verdades alternativas.

Mark Twain decía que es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada. Y ahí estamos: rodeados de certezas gritadas y dudas silenciosas. El ruido ha ganado a la razón.

La paradoja es que nunca hemos tenido tanto acceso a la información y, sin embargo, nunca ha sido tan difícil distinguir lo verdadero de lo falso. La guerra no es entre países ni ideologías: es entre el pensamiento crítico y la estupidez organizada.