Otras dos obras de Mozart igualan en doblete el de Mozart en un duelo de genios
La Orquesta Filarmónica de Madrid inicia su temporada 2026 con una serie de conciertos excepcionales que prometen sorprender, emocionar y cautivar al público en el emblemático Auditorio Nacional de Música de Madrid. Bajo la batuta de algunos de los más prestigiosos directores, para empezar, la Filarmónica ofrecerá entre enero y marzo tres conciertos destacados, cada uno con su propio carácter y magia.
El primero de ellos traerá la más que sorprendente “Sinfonía Sorpresa” que será interpretada el 19 de enero de 2026 a las 19:30 en la Sala Sinfónica del Auditorio con la Sinfonía n.º 94 de Joseph Haydn conocida como la “Sorpresa” como una de las piezas principales, con la orquesta Camerata Salzburg y con el venezolano Giovanni Guzzo, violín y director musical del concierto y uno de los músicos más versátiles y carismáticos de su generación. A través de su trabajo como solista, director y líder de algunos de los conjuntos más destacados de la actualidad, continúa cautivando al público de todo el mundo con sus emocionantes interpretaciones y reconocido por su sensibilidad interpretativa y presencia en escena. También le acompañará en alguna de las piezas Dezsö Ránki, uno de los mejores pianistas húngaros, siendo un reconocido intérprete del repertorio clásico. Interpretarán la Obertura L’anima del filosofo también de Haydn, el Concierto para piano y orquesta nº 27 y una selección de Minuetos KV 599 de Mozart y, en la segunda parte, la Sinfonía n.º 94 en sol mayor, “Sorpresa” de Franz Joseph Haydn (1732-1809), figura central del periodo clásico junto con Mozart y Beethoven.
La última obra, la “Sorpresa”, es una de las sinfonías más conocidas de Joseph Haydn, famosa por un momento abrupto y fuerte en su segundo movimiento, que supuestamente pretendía “sorprender” al público. Se cuenta que lo hizo para sorprender a los oyentes que podrían dormirse durante un movimiento lento una idea ingeniosa que terminó siendo una de las señas de identidad de esta obra. Ese golpe inesperado le dio el apodo de “Sorpresa” —que perdura hasta hoy. La obra destaca por su claridad formal, equilibrio y expresividad, principios clásicos que Haydn ayudó a consolidar como estándar para la sinfonía como género. Esta sinfonía pertenece a una serie de obras que Haydn escribió durante sus exitosas estancias en Londres en la década de 1790, y destaca por su ingenio melódico, creatividad formal y humor ligero — características típicas del clasicismo vienés.
Desde su estreno, la Sinfonía No. 94 ha sido una de las obras más populares de Haydn. Es una pieza que no solo demuestra su maestría como compositor, sino también su habilidad para mezclar el sentido de lo clásico con la sorpresa y la innovación. A lo largo de los siglos, la sinfonía se ha mantenido como una obra central en el repertorio orquestal, especialmente por su brillantez, carácter y la audaz experimentación en el segundo movimiento.
Equilibrio entre lo clásico y la innovación
La sinfonía se ajusta a las normas de la forma sonata, pero también presenta elementos que la hacen única y divertida. Los contrastes entre pasajes suaves y momentos más enérgicos son una característica clave de la obra, como se evidencia en el cambio repentino en el segundo movimiento. Aunque la sinfonía está construida sobre una estructura clásica muy rigurosa, Haydn introduce un sentido de diversión y juego, especialmente en la forma en que distrae la atención del público, como en el famoso «golpe».
La Sinfonía No. 94 es una obra esencial para comprender el estilo maduro de Haydn. Su combinación de elegancia, ingenio y frescura la coloca como una de las mejores representaciones de la música clásica del siglo XVIII. Con ella, Haydn mostró cómo podía sorprender e involucrar a su audiencia, un rasgo que lo convierte en un maestro indiscutido del clasicismo vienés.
Aunque la “Sorpresa” es la pieza clave del concierto, está arropada por otras obras de interés. La Obertura L’anima del filosofo, también de Haydn, pertenece a la ópera del mismo nombre, sobre Orfeo ed Euridice, una de las últimas obras teatrales de Joseph Haydn, compuesta en 1791 durante su estancia en Londres. Aunque la ópera apenas se representó en vida del compositor, la obertura se ha consolidado como pieza sinfónica independiente. Destaca por su carácter solemne y dramático, poco habitual en Haydn, el uso expresivo de las cuerdas y los contrastes dinámicos.
Serenidad y lirismo
El Concierto para piano nº 27 es el último para piano que compuso Mozart, en 1791, pocos meses antes de su muerte. Es una obra de madurez absoluta, de gran serenidad y lirismo. Música íntima, transparente y reflexiva, lejos del virtuosismo brillante de conciertos anteriores. Diálogo muy equilibrado entre piano y orquesta, sin afán de lucimiento excesivo con un clima emocional contenido, sereno y profundamente humano. Lejos del virtuosismo brillante de conciertos anteriores, se caracteriza por su serenidad, claridad y lirismo contenido. El piano dialoga con la orquesta de manera equilibrada, sin imponerse, creando una atmósfera reflexiva y profundamente humana. La obra refleja la madurez artística de Mozart en sus últimos meses de vida y constituye uno de los testimonios más conmovedores de su lenguaje tardío.
Por su parte, los Minuetos KV 599 forman parte de la música de baile que Mozart compuso para la vida social y cortesana de Viena. Elegantes y de escritura clara, combinan el carácter funcional de la danza con el refinamiento melódico y armónico propio del compositor. Su inclusión aporta ligereza y contraste al programa, recordando el papel central de la danza en el clasicismo vienés.
Los Minuetos KV 599 de Wolfgang Amadeus Mozart reflejan con claridad el ideal estético del clasicismo vienés: equilibrio, proporción y elegancia. Aunque se trata de piezas breves y de estructura sencilla, Mozart logra dotarlas de un carácter refinado y expresivo, donde cada frase está cuidadosamente construida. El ritmo ternario propio del minueto aporta un aire danzable y cortesano, mientras que las melodías, claras y simétricas, revelan una naturalidad que oculta una gran maestría compositiva.
Armónicamente, los minuetos se mantienen dentro de un lenguaje sobrio y funcional, evitando excesos, pero utilizando modulaciones y contrastes sutiles que enriquecen el discurso musical. En conjunto, estas piezas muestran cómo Mozart era capaz de transformar una forma tradicional en un ejemplo de belleza y equilibrio, convirtiendo lo simple en algo musicalmente significativo.
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