La cocina catalana contemporánea no se entiende sin la figura de Fermí Puig (q.e.p.d), el chef que mejor supo interpretar y transmitir la auténtica cocina catalana. Un referente absoluto que llevó la tradición gastronómica del país a su máximo nivel, combinando respeto por el recetario clásico, excelencia técnica y una profunda cultura culinaria. Su manera de cocinar —y de explicar la cocina— dejó una huella imborrable, no solo en los fogones, sino también en las personas.
Hoy, esa huella sigue viva en el mismo espacio donde nació su emblemático restaurante. Fonda Balmes no es solo un nuevo nombre, sino la continuidad de un espíritu. Un lugar donde la memoria culinaria se mantiene intacta y donde la cocina catalana sigue ocupando el centro de la mesa, lejos de modas pasajeras y artificios innecesarios.
Masó y Ramagosa, en la entrada de Fonda Balmes: tradición, amistad y continuidad
Al frente del proyecto están dos personas que compartieron camino, amistad y visión con Fermí. En la cocina, Josep Maria Masó trabaja desde un conocimiento profundo del recetario catalán, con una cocina honesta, reconocible y precisa. Una cocina que no busca sorprender, sino emocionar desde la memoria, respetando el producto, los tiempos y la lógica de cada elaboración. En Fonda Balmes, su trabajo es el de dar continuidad a una manera de cocinar que entiende la tradición como algo vivo y plenamente vigente.
En la sala, Alfred Ramagosa aporta una forma de entender el servicio que hoy resulta casi excepcional: cercana, profesional y serena. Su presencia garantiza equilibrio, calidez y un ritmo que invita a disfrutar sin prisas, recordando que la experiencia gastronómica es también hospitalidad, atención y cultura compartida.
El carro de quesos una tradición y diferenciación en el servicio.
La propuesta se concreta en una cocina que habla por sí sola. Platos como la ensalada de alcachofa con trufa, los canelones rustidos, los calamares rellenos de butifarra o el flan de laTía Lola remiten directamente a una cocina catalana bien entendida: guisos cocinados con paciencia, sabores reconocibles y una técnica siempre al servicio del resultado final. No hay nostalgia vacía, sino respeto, coherencia y oficio.
Platos que hablan de recetario, producto y tiempo bien entendido.
El espacio acompaña este discurso con naturalidad. El comedor de Fonda Balmes conserva la esencia del lugar, ofreciendo un ambiente sobrio y acogedor, pensado para disfrutar de la comida con calma. Todo invita a sentarse, compartir y dejar que la cocina haga su trabajo.
Un espacio con historia, donde la cocina catalana sigue ocupando el centro de la mesa.
En Fonda Balmes no se busca reinterpretar el pasado, sino honrarlo. Cada plato, cada gesto y cada servicio son un recordatorio de que la cocina también es herencia, transmisión y continuidad.
Por Luis Padrón creador de Platosestrella.com y miembro de Fijet España
Barcelona 29 Enero 2026
