Por qué soy marxista

Soy marxista, pero no de los que leen El Capital, sino de los que escuchan a Groucho Marx. Su célebre definición de la política como el arte de fabricar problemas para luego resolverlos mal encaja con precisión quirúrgica.

Soy fiel seguidor de Groucho Marx. Fue él quien, con su capacidad de síntesis dejó la mejor definición de la política profesional: «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados».

Eso es lo que está ocurriendo en España con la ofensiva para prohibir el burka y el niqab en los espacios públicos. Es un ejercicio de manual sobre como crear una tormenta en un vaso de agua, pero con un matiz político degradante: vemos a un Partido Popular que compra el relato de Vox, que es quien  marca el ritmo.

La derecha y la ultraderecha española han demostrado una diligencia asombrosa para buscar el problema: España cuenta con más de un millón de mujeres musulmanas en general integradas en nuestra sociedad. Si uno sale a la calle en Madrid, Barcelona o Sevilla, lo que ve es mujeres musulmanas-si es que es posible identificarlas- con la cabeza descubierta, algunas que usan el pañuelo (hiyab) y una ínfima, invisible minoría ,que utiliza prendas integrales. Nunca he visto en España a una mujer con burka.

Una vez «encontrado» el problema, el siguiente paso es el diagnóstico falso. Los proponentes de la prohibición sostienen que estas prendas representan un peligro para la seguridad pública y que son el síntoma de un “reemplazo” que amenaza la civilización occidental, según señala Vox.

Finalmente, llegamos a los remedios equivocados: la prohibición por ley estatal aprovechando la sentencia del Tribunal Supremo de febrero de 2013, que anuló una ordenanza de Lleida (aprobada bajo administración del PSC) que señaló que un Ayuntamiento no tiene competencia para prohibir estas prendas y que una prohibición así, vulnera el derecho fundamental a la libertad religiosa. Sin embargo, no impide que una ley estatal lo aprobara.

El remedio del PP y Vox es contraproducente. El PSOE ha señalado  que esta ley no responde a una situación social relevante. Lejos de «liberar» a la mujer, una prohibición tajante en espacios públicos puede contribuir directamente a la exclusión social. Si una mujer es obligada por su entorno a llevar estas prendas y el Estado le prohíbe salir a la calle con ellas, el resultado no es que se quite el burka, sino que se quede encerrada en casa, más aislada y vulnerable.

La Secretaría de Organización del PSOE propone, en cambio, erradicar el uso del burka y el nikab desde la pedagogía y el respeto al ordenamiento jurídico. El objetivo es que las mujeres no usen esas prendas porque se sienten ciudadanas plenas, no porque un policía las multe. La libertad se conquista con educación y derechos, no con sanciones que alimentan la segregación.

Para justificar este desatino, recurren a una comparación con Europa que es tramposa: En España, el grueso de la inmigración procede de América Latina. La población musulmana es mayoritariamente de origen marroquí, donde la fabricación y venta del burka está prohibida y el uso del nikab es escaso. En Bélgica la inmigración proviene en buena medida de países donde estas prendas sí son comunes y su presencia en algunos barrios es una realidad tangible. Francia tiene una laicidad constitucional muy específica que no es trasladable a nuestro modelo de libertad de culto.

También lo prohíben en una medida u otra, Suiza, Austria, Bulgaria, Dinamarca, Alemania para las funcionarias públicas en su trabajo y Holanda en el transporte público, escuelas, hospitales y edificios gubernamentales. En conjunto una minoría de países de la Unión.

En España si vemos a una mujer con nikab-con burka es imposible verlas- es probable que sea una turista procedente de los paises ricos donde lo usan, como Arabia Saudita, camino de una joyería, es decir una de esas turistas que todos los destinos buscan.

Por supuesto que hay que trabajar para que ninguna mujer esté sometida a imposiciones que anulen su identidad. Pero no podemos caer en la trampa de quienes usan la palabra «libertad» para recortar derechos.

Siguiendo con Marx, el problema es que el PP ha decidido que sus principios los escriba Vox. Ya saben: estos son mis principios…. Y así ocultan que no tienen soluciones reales para los problemas de verdad. @mundiario