Los recientes ataques de Estados Unidos e Israel en Irán han activado un «efecto mariposa» que amenaza con reconfigurar, en el futuro inmediato, el mapa del turismo mundial, justo cuando el sector se prepara para su temporada alta. El precio del petróleo ha subido de forma inmediata pero la economía occidental está más descarbonizada que durante las últimas crisis, por lo que los efectos directos sobre esta no serán tan graves como en etapas anteriores. Sin embargo, hay un sector que sigue dependiendo del petróleo: la aviación. Con el combustible más caro, las compañías aéreas inevitablemente, tendrán que aumentar los precios de los billetes acelerando otros efectos.
El primer impacto ha sido fulminante: la seguridad aérea. El cierre del espacio aéreo en diversas zonas de Oriente Medio ha paralizado o desviado el tráfico en los nodos logísticos vitales: Dubái, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, los tres grandes hubs que conectan Occidente con Oriente, que han cerrado inmediatamente sus aeropuertos, aunque se estén abriendo parcialmente.
Estos aeropuertos son los pulmones del tránsito internacional. El bloqueo obliga a las aerolíneas a buscar rutas alternativas, lo que alarga los tiempos de vuelo y dispara el consumo de combustible. La incertidumbre sobre la duración de este conflicto es el mayor enemigo de la planificación turística. Mientras las armas sigan hablando, el cielo permanecerá cerrado o será, cuanto menos, mucho más costoso de cruzar.
El mercado emisor chino es el que más sufre especialmente en su relación con el destino Europa. Los motivos son estructurales y energéticos: China compra a Irán la mitad de su producción, que no puede vender en otros mercados debido al embargo estadounidense, Pekín obtiene este crudo con descuentos de hasta el 30%. Este petróleo llega a China a través del estrecho de Ormuz, un paso que hoy está bloqueado. La interrupción del suministro encarece automáticamente el coste operativo de las aerolíneas chinas. Los vuelos desde ciudades provinciales chinas hacia Madrid o Barcelona que transitaban por los hubs de Oriente Medio serán anulados. Los vuelos directos tendrán que realizar trayectos más largos, con mayor gasto en combustible y, por tanto, un encarecimiento notable de los billetes. Este golpe se suma al que supone el corte de suministro de petróleo venezolano, que también compraba a precios reducidos.
El turista chino es extremadamente sensible a la seguridad y al precio. Ante el aumento del coste de volar a Europa y la percepción de inestabilidad, el flujo de viajeros va a cambiar de dirección. Es muy probable que los turistas chinos prefieran destinos asiáticos como Japón, Corea del Sur o Tailandia. Estos lugares se perciben como entornos seguros, cercanos y con costes de desplazamiento mucho más competitivos en el contexto actual.
Esta tendencia tendrá consecuencias directas en España. Los hoteles de Madrid y Barcelona, con clientes chinos verán disminuir sus reservas. El sector del comercio de lujo en ambas ciudades también sufrirá el impacto de esta ausencia. También veremos consecuencias negativas en el resto de los mercados emisores asiáticos como Japón, India y Corea
A pesar de las malas noticias en el eje asiático, el turismo global vive un fenómeno de redistribución de flujos. España podría experimentar un efecto rebote por la caída de la demanda en otros destinos competidores: muchos viajeros del Viejo Continente evitarán viajar a Dubái por la proximidad del conflicto; destinos como Egipto, Túnez e incluso Marruecos generan dudas entre los turistas por la inestabilidad regional. Si la tensión se prolonga, Turquía también entrará en esta lista de destinos a evitar.
España se posiciona de nuevo como destino seguro. Aunque el volumen total de turistas pueda disminuir, nuestra cuota de mercado dentro de Europa tenderá a crecer. Recibiremos una parte mayor de un pastel que, lamentablemente, se ha hecho un poco más pequeño.
El momento actual es especialmente delicado. Estamos a las puertas de la temporada alta. Cualquier alteración en el precio del petróleo o en la seguridad aérea ahora tiene un impacto mayor.
El sector turístico español debe estar preparado para una temporada de contrastes: mientras el mercado asiático se enfría por causas energéticas y logísticas, el mercado europeo podría concentrarse en la Península buscando la estabilidad que hoy falta en el Mediterráneo oriental y en el Oriente Medio.
