Contraste de estilos el 13 de enero de la mano de Fundación Excelentia en el Auditorio
La Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música acogerá el próximo 13 de enero a las 19:30, un concierto organizado por la Fundación Excelentia, con un programa que reunirá tres hitos fundamentales del repertorio sinfónico: obras de Mozart y Sibelius en la primera parte y la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler como eje central de la velada. Finlandia de Sibelius, la Sinfonía 40 de Mozart y la Quinta de Mahler, con la Orquesta Clásica Santa Cecilia y la dirección de Sebastian Lang Lessing. Todo ello de la mano de Fundación Excelentia.
La cita propone un recorrido que va del clasicismo vienés al romanticismo tardío, combinando la claridad formal y el equilibrio característicos de Mozart con la intensidad expresiva y la complejidad orquestal de Mahler. Se trata de una fórmula habitual en la programación de la Fundación Excelentia, que busca atraer tanto a los melómanos habituales como a nuevos públicos.
El día anterior, el 12 de enero a las 19:30 se tiene la oportunidad de disfrutar de la conferencia sobre “Mahler, Mozart y Sibelius” con Carlos de Matesanz (crítico musical y director de programas de Radio Clásica) en el Club Monteverdi con entrada gratuita para abonados y personas con entrada del concierto del 13 de enero del Auditorio Nacional. Y precio de 15 euros para el resto de personas que deseen asistir. Reserva de plazas para la conferencia: enviando un correo a reservas@clubmonteverdi.com
Patriotismo y clasicismo
A finales del siglo XIX, mientras Rusia intentaba controlar la autonomía de Finlandia, Sibelius se esforzó por despertar el patriotismo finlandés componiendo algo que sonara nacionalista, pero sin usar o imitar la música folclórica. Desde sus inicios, “Finlandia” ha sido muy popular, en parte por su magnífica melodía de himnos. El propio autor hablaba así de su obra: «Luchamos 600 años por nuestra libertad y yo soy parte de la generación que la ha logrado. ¡Libertad! Mi “Finlandia” es la historia de esta lucha. Es la canción de nuestra batalla, nuestro himno de victoria». Pronto, la melodía de Sibelius fue cantada alrededor del mundo. El compositor tenía sentimientos encontrados sobre estas versiones: «No está destinado a ser cantado… Está escrito para una orquesta. Pero si el mundo quiere cantarla, no se puede evitar». También le desconcertó la popularidad de la pieza, «que es insignificante en comparación con mis otras obras». La obra fue compuesta para movilizar a la oposición popular de ese país contra el gobierno del Imperio ruso, que había invadido la nación vecina.
Mientras que la sinfonía anterior fue en muchos aspectos la obra más clásica de Mahler, la 5ª Sinfonía definitivamente marca el comienzo de una nueva fase creativa. Los cinco movimientos de la sinfonía muestran una gran variedad de temas difícilmente conectables entre sí. Esto crea una gran inquietud musical y expresiva y una variedad externa, que se intensifica aún más por la extensión de la obra, cercana a los ochenta minutos. Por contra, la Sinfonía nº 40 de Mozart es una cumbre del Clasicismo, pero también sombría: El sobrenombre «Gran sinfonía en sol menor» se emplea para distinguirla de la «Pequeña sinfonía en sol menor», que es la nº 25 compuesta en la misma tonalidad: estas dos son las únicas sinfonías que compuso Mozart en modo menor.
Tras “Finlandia”, la interpretación de Mozart sirve como centro del concierto, con una obra que permite apreciar el trabajo de la orquesta en un contexto de transparencia sonora y precisión estilística. Su música sirve como introducción equilibrada y luminosa antes del despliegue sinfónico posterior. La interpretación destaca por su claridad formal y un sonido bien empastado, subrayando el carácter elegante y transparente del compositor salzburgués.
Un obra poderosa y popular
Tras la pausa, la Quinta Sinfonía de Mahler ocupa la segunda parte del programa. Considerada una de las composiciones más populares del autor, la obra es especialmente conocida por su marcha fúnebre inicial y por el célebre adagietto, frecuentemente interpretado de manera independiente. La Quinta Sinfonía de Gustav Mahler es una de las obras más poderosas y personales del repertorio sinfónico. Compuesta entre 1901 y 1902, marca un punto de inflexión en su carrera, alejándose de las referencias vocales de sus sinfonías anteriores para centrarse en una música puramente instrumental y técnica.
La obra sigue un arco narrativo que va de la oscuridad a la luz. Comienza con una solemne y trágica Marcha fúnebre (anunciada por un solo de trompeta icónico) y culmina en un final exuberante, optimista y lleno de energía. El cuarto movimiento es, posiblemente, la pieza más conocida de Mahler. Escrito solo para cuerdas y arpa, se considera una declaración de amor musical hacia su esposa, Alma Mahler. Su belleza melancólica se hizo mundialmente famosa tras aparecer en la película Muerte en Venecia de Visconti.
Es una prueba de fuego para cualquier orquesta. Requiere un virtuosismo extremo, especialmente en la sección de metales, y una capacidad del director para manejar contrastes dinámicos que van desde el susurro más íntimo hasta el estruendo más colosal. En resumen, la Quinta es un retrato de la lucha humana: el enfrentamiento con la muerte, el consuelo del amor y, finalmente, la celebración de la vida.
Como suele ocurrir en los conciertos dedicados a Mahler, hay una notable expectación entre el público, especialmente en los movimientos centrales de la sinfonía, que exigen un alto grado de concentración tanto por parte de los intérpretes como de los oyentes. La interpretación pone el acento en los contrastes extremos de la partitura: la oscuridad inicial, los pasajes de lirismo casi íntimo y el final expansivo y triunfal. La sección de metales tiene un papel destacado, especialmente en los momentos de mayor tensión dramática, mientras que las cuerdas brillan en los fragmentos más introspectivos. El Auditorio Nacional, con su acústica y capacidad, se presenta como un marco idóneo para el despliegue sonoro que requiere esta partitura.
Con este concierto, Fundación Excelentia continúa su labor de difusión del gran repertorio sinfónico en uno de los principales escenarios musicales del país, consolidando una programación que combina obras muy conocidas con propuestas de marcado interés artístico. Con este programa, la Fundación Excelentia reafirma su apuesta por acercar grandes obras del repertorio sinfónico a un público amplio, consolidando su presencia en la programación del Auditorio Nacional.
Sobre Fundación Excelencia
La Fundación Excelentia es una fundación privada sin ánimo de lucro que desarrolla sus actividades en el campo de la cultura. Nace para contribuir a la promoción del patrimonio lírico-musical e impulsar la creación y representación de las artes musicales en todas sus variedades adoptando y aunando las iniciativas necesarias para que se cultiven en libertad y perfeccionamiento permanentes. Son objetivos primordiales de la Fundación la difusión y divulgación de la música y el cultivo de nuevos valores musicales. Entre sus actividades fundamentales se encuentra la organización del Ciclo de Conciertos Excelentia que tiene lugar en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música de Madrid. Promocionando este ciclo la Fundación pretende acercar la música de calidad a todos los públicos con un amplio repertorio.
Además de su apuesta por hacer llegar la música clásica y otras músicas a todo tipo de públicos en distintos lugares de España, la Fundación tiene un fuerte compromiso social y por eso organiza también seminarios, mesas redondas, simposios, conferencias, concursos y cualquier otro tipo de reuniones sobre los temas que constituyen los objetivos de la Fundación. Así mismo, y para el mejor cumplimiento de sus objetivos, la Fundación Excelentia desarrolla un fuerte proyecto educativo que incluye conciertos pedagógicos para niños, ayudas para la formación musical, cursos de música para niños y conciertos benéficos. En su búsqueda comprometida a través del arte y consciente de que la música es un lenguaje para la paz, la Fundación Excelentia desea transmitir a través de su trabajo los valores universales de la armonía y la escucha que tanto ennoblecen al ser humano.
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