La Fonda Heritage representa el esfuerzo de la localidad española, antiguo refugio de aristócratas y estrellas de Hollywood, por recuperar el trono de otra época apoyándose en su historia
Marbella, pueblo costero del sur de España, no se escribe con la misma caligrafía de otras localidades bañadas por el mar, también bendecidas con la lotería del turismo. Marbella pasó de 10.000 habitantes en 1950 a 80.600 en 1991, un aumento del 703,82%. Algunos de ellos están en las páginas de la historia. Brigitte Bardot, Ava Gardner, Audrey Hepburn, Kim Novak, Liza Minelli, Elizabeth Tylor, Grace Kelly, el Príncipe Rainiero de Mónaco, Sean Connery o el rey Fahd de Arabia Saudí.
Dos motivos justifican este salto poblacional y el desarrollo de la localidad. La naturaleza y el dinero. La montaña de la Concha actúa de barrera natural y proporciona un microclima que suaviza las temperaturas. Mientras España entera se derrite de calor, Marbella es una isla térmica. Por otra parte, la localidad ha sido un potente imán para atraer inversiones inmobiliarias. Dinero y Diversión ha sido el binomio que ha colocado al municipio andaluz en el olimpo del lujo.
Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey, un excéntrico aristócrata salmantino, ingeniero de profesión, llegó en 1943 a Marbella y compró 220.000 metros cuadrados al propietario de la finca Guadalmina (parcela de terreno hoy incluida dentro de la Milla de Oro) por el equivalente actual a 1.300 euros. El hombre intuyó que estaba ante una mina de otro y levantó el complejo hotelero donde pernoctaban los franceses que se desplazaban hasta el protectorado de Marruecos. Rápidamente comprendió que el lugar podía ser un espléndido destino turístico para aristócratas europeos. Su primo, Alfonso de Hohenlohe, de ascendencia germano española, con buen sentido de los negocios, compró la finca Santa Margarita y diez años después inauguraba el Marbella Club, institución hostelera referente en la zona. Hohenlohe, figura omnipresente en Marbella se asoció a su primo Rudolf Graf von Schönburg, conocido como Conde Rudi y casado con María Luisa de Prusia.
Aristócratas y estrellas
Una vez sembrada la semilla, otros apellidos famosos como Von Bismark, los Rothschild, Thyssen-Bornemisza y Jaime de Mora y Aragón, hermano de la reina Fabiola de Bélgica, invirtieron en la zona.
Los aristócratas atrajeron a las grandes estrellas de Hollywood y a los jeques árabes. Unos y otros eran seguidos por un ejército de paparazi que fotografiaban y difundían el estilo marbellí en los medios de comunicación de todo el mundo. Hablamos de la Edad de Oro donde la pequeña localidad costera era admiración y locura.
En los 90 del pasado siglo, un controvertido personaje, Jesús Gil y Gil, empresario condenado a prisión por la muerte de 58 personas tras el derrumbe en 1969 de un comedor en una urbanización que había promovido, se hizo con la alcaldía de Marbella. Ahí comenzó el declive lento de la rutilante ciudad que cuenta con 27 kilómetros de playa y con las montañas de la Sierra Blanca con muro protector. Un espacio salpicado de villas de lujo, portentosos hoteles y campos de golf. La ciudad que no duerme con numerosos clubs nocturnos, restaurantes, tiendas de primeras firmas de moda y yates de ensueño atracados en Puerto Banús, considerado durante mucho tiempo como el más lujoso de Europa.
Para los mortales del común el mundo estratosférico de Marbella era algo familiar. Estaba en todas las revistas que se hojeaban en piscinas, peluquerías y salas de espera. Las fiestas marbellíes, llenas de color y oro, aliviaban el calor del verano. Con la llegada de Gil y Gil actores y actrices de Hollywood recogieron sus maletas, los jeques sus petrodólares y millonarios de todo el mundo se refugiaron en destinos discretos.
Resurrección e historia
Tras la pandemia de la Covid, Marbella ha tratado de recuperar el glamour de otra época y las cadenas hoteleras internacionales han vuelto a poner sus ojos en la ciudad andaluza. El actor Antonio Banderas ha sido uno de los artífices de esta recuperación. Malagueño de nacimiento, ha estado muy unido al desarrollo de su tierra.

Fachada de La Fonda Heritage
La Fonda Heritage, es un ejemplo de resurrección. Situada en el centro histórico, junto a la plaza del Santo Cristo, a escasos metros de los mercados locales y de la playa, simboliza una nueva forma de entender el lujo. Después de pasar por la experiencia de la muerte. Muerte física, real, ha vuelto a la vida como primer Relais & Château de Andalucía. “Tras años de permanecer cerrada, okupada y vandalizada, solo quedó un espejo en pie” explica Cristina Paraja”, directora de Operaciones. La Fonda ha vivido el tránsito de ser un afamado restaurante que obtuvo la primera estrella Michelín en la Costa del Sol, a tener que cerrar al quedar aislado por las obras que ocuparon la calle principal durante siete años. “La gente no podía llegar y llegó un momento que no se pudo aguantar más”. “Pero allí cenaban todos los famosos que pasaban por Marbella: Ava Gadner, el Rey Juan Carlos y Doña Sofía, Sean Connery o el Príncipe de Hohenlohe”, añade Paraja.
Además de buena caza, cual era la clave del éxito?
-La privacidad. El restaurante estaba dentro del edificio y no había fotos.
El actual Relais & Château se levanta sobre edificaciones los siglos XVI a XVIII, entre las que destaca la Ermita de San Sebastián. El complejo acoge el restaurante La Fonda, nacido en los sesenta por el “capricho” de un grupo de amigos que querían tener la mejor caza en Marbella. “Y para eso se robaron el chef de Horcher, emblema en esa especialidad”, reconoce Cristina Paraja.

Cristina Paraja, directora de Operaciones, de La Fonda Heritage. Foto:María José Cavadas
Cocina andaluza auténtica
En la resurrección de La Fonda han sido clave Cristina Paraja, Carmine Sacco, y Jorge González Carmona.
Desde hace tres años el chef Jorge González Carmona, tras quince años en el mítico Hotel Ritz, ofrece la receta clásica de liebre, los canelones de jabalí, las croquetas cremosas de caza y el pichón en dos cocciones con crema de maíz, a una clientela que busca buena materia prima, pero con una cocina muy andaluza. “Yo no me iría a Japón a tomar una paella”, asegura el chef quien destaca la predilección `por productos de Kilómetro Cero, un concepto que aúna el valor gastronómico y de sostenibilidad.

Jorge González Carmona, chef del restaurante La Fonda. Foto:María José Cavadas
Cristina, asturiana de nacimiento con un pasado profesional ligado al negocio inmobiliario, reconoce que se siente cautivada por el proyecto. “No me voy a la cama mientras vea un florero mal colocado”. Idéntica pasión vive el director general. De origen suizoitaliano, Carmine Sacco llegó a Marbella con el encargo de abrir tres hoteles boutique. “Y resulta que tenía que desayunar en La Fonda”. Los tres “alma mater” han conseguido la Llave Michelín para el hotel “Es el equivalente de la estrella, pero para un hotel”, explica Paraja.
Entre la clientela internacional, el sesenta por ciento, es numerosa la de origen ruso y árabe. No obstante, la Fonda se ha presentado en Madrid en busca de los capitalinos que bajan a Marbella “Y que son muchos” asegura Cristina. Allí encontrarán comida local de calidad, en un contexto que rezuma historia, y en la confianza de que se encuentran a resguardo de miradas indiscretas
Somos un hotel con alma e historia
La Fonda puede ser el epítome de la nueva Marbella.
Sumarios:
La privacidad es la nueva forma de lujo
Los clientes buscan comida andaluza. “Yo no me iría a Japón a pedir una paella”
Los aristócratas atrajeron a las grandes estrellas de Hollywood, los paparazzi hicieron el resto
