El peso dramático y lírico recayó sobre dos únicos actores en escena
Bajo la dirección de Tan Yun y con libreto adaptado por Zhang Yize, la obra propone un viaje místico y sensorial de 75 minutos
El espacio ÁUREA se vistió de gala y rozó el lleno absoluto en una noche que prometía romper barreras culturales, y terminó consolidándose como uno de los hitos más emotivos, de la presente edición del Festival de Almagro. La expectación era máxima, respaldada por una notable representación institucional que subrayó la importancia estratégica y cultural del evento: en las primeras filas se dieron cita el embajador de China en Madrid, el alcalde de Almagro, el presidente de la Diputación de Ciudad Real y el presidente de la Asociación para el Desarrollo del Campo de Calatrava. Además de la Viceconsejera de Cultura de la Junta de Comunidades.

La aclamada compañía Shanghái Huai Opera Troupe (mencionada popularmente como Hanghai Husi) presentó en ÁUREA (Antigua Universidad Renacentista) del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro su propuesta más ambiciosa de la temporada: Written in Sound (‘Escrito en sonido’). Bajo la dirección de Tan Yun y con libreto adaptado por Zhang Yize, la obra propone un viaje místico y sensorial de 75 minutos que une la modernidad cosmopolita con la herencia lírica oriental.

El arranque de la representación rompió la cuarta pared de forma orgánica y sorpresiva. Desde el patio de butacas, camuflado entre el público, el excelente guitarrista Fan Ye inició su avance hacia el escenario, hilvanando las primeras notas de un viaje transoceánico. Ya sobre las tablas le esperaban cuatro músicos excepcionales, encargados de desplegar una atmósfera sonora sutil, casi etérea, construida a base de tradicionales texturas chinas.
EXQUISITA SENSIBILIDAD
El peso dramático y lírico recayó sobre dos únicos actores en escena. Con intervenciones musicales interpretadas «a la china» —breves pero cargadas de una enorme fuerza expresiva—, los intérpretes defendieron la inmortal historia de dos amantes separados por el destino, que se despiden con la firme promesa de reencontrarse, demostrando cómo el amor verdadero es capaz de pervivir y sobrevivir, al tiempo y la distancia. Lo hicieron, además, desde una cercanía física y actoral que colocaba sus emociones casi al alcance de la mano del espectador. Al término de la función, en un gesto de enorme generosidad y cercanía, los artistas aguardaron sobre las tablas para hacerse fotos con todos y cada uno de los asistentes que quisieran inmortalizar el momento.
El resultado -acogido en principio con algún interrogante- fue simplemente magnífico. Logrando una absoluta integración, en parte gracias a la música virtuosista de la guitarra española en un perfecto ensamblaje. Demostrándose así -músicos, actores y espectadores- que la distancia geográfica puede ser una cuestión menor si la disposición es buena… Y si el sustrato que la alimenta es de absoluto respeto y admiración. Frente a una historia, mil veces ocurrida, entre dos amantes que se separan con el firme propósito de volver a encontrarse, y entre los cuales pervive y sobrevive el amor.

UNA GRATA SORPRESA
Hay que ser honestos: el patio de butacas de ÁUREA albergaba, en sus minutos previos, cierta dosis de incredulidad y dudas. Unir la milenaria tradición de la ópera asiática, con las raíces de la cuerda española, suele percibirse como un salto mortal sin red. Sin embargo, el resultado de este experimento firmado por la Shanghai Huai Opera Troupe no solo disipó los escepticismos, sino que resultó sencillamente magnífico. El secreto del éxito radicó en el planteamiento: aquí no hubo una absorción de una cultura sobre otra, sino una absoluta integración.
El gran pilar de la velada fue el ensamblaje perfecto guiado por la música virtuosista de la guitarra española, que actuó como el tejido conectivo ideal entre Oriente y Occidente. Su diálogo con los instrumentos tradicionales chinos demostró que la guitarra no era un mero adorno folclórico, sino un puente estético de primer orden. Y una pequeña sorpresa llegaría al final, como veremos, de la mano de Fan Ye y de su mágica guitarra.
La propuesta escénica funcionó, porque despojó el drama de artificios para concentrarlo en la pureza de sus dos actores. Al final, lo que presenciamos —músicos, actores y espectadores por igual— fue una lección que trasciende lo estrictamente teatral. Se demostró con creces que la distancia geográfica pasa a ser una cuestión menor cuando existe una buena disposición artística y, por encima de todo, cuando el sustrato que alimenta el proyecto es el absoluto respeto, y la admiración mutua entre dos mundos. Almagro volvió a demostrar que el teatro clásico, sea de la latitud que sea, habla el mismo idioma universal.
EL ARGUMENTO
La historia arranca con un viaje de retorno. Tras la muerte de su abuelo, un guitarrista regresa a su país con un legado inesperado: un conjunto de cartas nunca entregadas a la mujer que marcó una vida. Ella, célebre cantante de Ópera en el Shanghái de mediados del siglo XX, desapareció sin dejar rastro, dejando en suspenso una historia atravesada por la distancia y el paso de los años. A partir de este hallazgo, el espectáculo traza un diálogo con El pabellón de las peonías, obra de Tang Xianzu escrita en 1598 para la Ópera kunqu… Considerada una de las cimas de la dramaturgia china, narra el amor de Du Liniang y Liu Mengmei, capaz de desafiar las normas sociales, el orden del mundo e incluso la muerte.
La propuesta, interpretada por la Shanghai Huai Opera Troupe dirigida por Tan-Yun, articula distintas formas de la Ópera tradicional china. Ahora recalan en Almagro con su Written in Sound, un exquisito puzle de tiempos, músicas, acentos y emociones. En suma, es toda una invitación del Festival de Almagro, a escuchar cómo las historias viajan, se transforman y regresan, recordándonos que el amor y la memoria siguen encontrando su lugar en escena.
El pabellón de las peonías, la obra maestra escrita en 1598 por Tang Xianzu para la ópera kunqu, cuyo eje central, un amor tan poderoso capaz de desafiar la distancia, el tiempo e incluso la muerte.
Recordaremos que la ‘peonía’ era la “Porción de tierra o heredad que, después de hecha la conquista de un país, solía asignarse a cada soldado de a pie, para que se estableciese en ella”.
Ficha artística destacada
- Dirección: Tan Yun
- Elenco principal: Wu Yaoyao (como Gu Yanqing), Wang Junjie (como Fan Shu’ao), Fan Ye (como Fan Nuo).
- Espacio sonoro en vivo: Instrumentos tradicionales como la dizi (flauta de bambú), la pipa (laúd chino), el erhu (violín de dos cuerdas) y percusión clásica en vivo, en un íntimo ensamblaje con la guitarra contemporánea.
EL PASADO ROMPE FRONTERAS
Lo que la Shanghai Huai Opera Troupe logra en Written in Sound, no es una simple exhibición exótica de teatro oriental para Occidente; es un experimento sublime de arqueología emocional. De hecho, a nivel musical, la obra es un puzle exquisito. La mezcla de la tradición acústica del Huaiju (ópera Huai, conocida por su fuerza narrativa y emotiva), con la sutileza de la guitarra y texturas sonoras contemporáneas, funciona no como un choque, sino como un diálogo orgánico. Ver y escuchar la interacción entre el erhu y la guitarra, es comprender que los lenguajes de la melancolía son idénticos en cualquier rincón del planeta.
El gran acierto: Utilizar el mito de ‘El pabellón de las peonías’ no como un adorno histórico, sino como el espejo en el que se refleja el drama moderno de la incomunicación y el olvido. La puesta en escena -limpia, diáfana, asequible- se apoya con inteligencia en el video, y un diseño de iluminación minimalista a cargo de He Ziqing, que transforma el escenario histórico de la Antigua Universidad, en un limbo donde coexisten los años cincuenta y el presente.
Si algo se le puede achacar es que la brevedad de su formato (75 minutos), deja al espectador con ganas de profundizar más en la psicología de esa cantante desaparecida. Pero como experiencia sensorial e intelectual, la obra es impecable. Un recordatorio bellísimo de que el amor y la memoria, cuando se quedan sin palabras, siempre encuentran refugio en la música.
TODO EL ELENCO
Basado en varias obras tradicionales de Ópera china
Dirección: Tan Yun
SHANGHAI HUAI
OPERA TROUPE
Escenografía
Liu Wenjie
Iluminación
He Ziqing
Video
Zhou Xiaofeng
Música
Fan Ye, Xia Rui
Adaptación
Zhang Yize
Dirección:
Tan Yun
REPARTO
–Gu Yanqing
-Wu Yaoyao (Intérprete)
–Fan Shuíao
–Wang Junjie (Intérprete)
–Fan Nuo
–Fan Ye
(Intérprete y Artista Invitado)
MÚSICOS
Bamboo Flute
Cai Xiaoyu
Percusión
Zhang Jintian
Pipa
Sun Jieqiong
Erhu
Zhang Hongyu
EL “ROMANCE ANÓNIMO”
Ya al final de la función, el extraordinario guitarrista chino, ofreció un bis acompañado por los extraordinarios solistas antes relacionados. Pero la sorpresa llegó con la interpretación de una pieza netamente española, anunciada como “Romance de amor”, si bien es harto conocida en nuestro país como “Romance anónimo”. Se trata de la pieza que todos los estudiantes de guitarra aprenden casi en primer lugar.
El «Romance Anónimo» (también conocido como Estudio en Mi menor, Romance de España, o Romance de Amor) es una de las piezas más célebres y accesibles del repertorio de la guitarra clásica. Aunque el maestro Andrés Segovia la interpretó y ayudó a difundirla globalmente, existe un trasfondo histórico muy curioso sobre su arreglo y autoría, que suele confundir a muchos músicos. A menudo se asocia la pieza a Narciso Yepes, quien la grabó y popularizó masivamente en 1952 como tema principal de la película francesa Juegos Prohibidos (Jeux Interdits). Yepes incluso registró los derechos de autor de la pieza en Francia, afirmando que la había compuesto cuando era un niño.
Sin embargo, otro gran maestro de la guitarra, Andrés Segovia, ya la tocaba mucho antes. Segovia no solía acreditar la autoría de la pieza; la trataba justamente como lo que es: un tema tradicional anónimo del siglo XIX. La genialidad de la versión o edición de Segovia radica en su enfoque interpretativo:
- Rubato y Expresividad: Segovia aplicaba un fraseo mucho más libre y romántico, en comparación con la interpretación más rígida y metronómica de Yepes.
- Digitación y Timbre: Segovia utilizaba cambios sutiles en la posición de la mano derecha, para alterar el color del sonido (timbre), entre las diferentes secciones, dándole una profundidad casi operística.
EL HALLAZGO CLAVE
A finales del siglo XX y principios del XXI, investigaciones exhaustivas en archivos históricos desmontaron por completo la autoría de Yepes. El eslabón perdido más importante nos lleva a Antonio Rubira (1821–1880), un destacado guitarrista y profesor español de la segunda mitad del siglo XIX.
El descubrimiento fundamental fue un manuscrito musical custodiado en la Biblioteca Nacional de España (BNE), catalogado bajo el título de «Estudio para guitarra» de Antonio Rubira.
- Datación del manuscrito: Los análisis del papel, la caligrafía y el contexto sitúan este documento en una fecha cercana a 1880 (o incluso antes).
- El contenido: Al abrirlo, se descubre exactamente la misma estructura que hoy conocemos: el patrón de arpegio en tresillos, la melodía melancólica en la primera cuerda y la famosa progresión armónica. No era un «romance» con letra, sino un ejercicio técnico (estudio) diseñado para que los alumnos de guitarra, dominaran la independencia de los dedos de la mano derecha y el canto de la melodía.
Debido a este manuscrito, en los círculos académicos hoy en día existe un amplio consenso de que Antonio Rubira es el autor original de la pieza, o al menos el primero en darle la forma definitiva y estructurada que conocemos. Nuestro guitarrista -chino, pero con toda el alma de un guitarrista netamente español- nos dijo al final de la actuación, que en sus dos años en España, “ha tenido profesores que fueron alumnos a su vez, de los entrañables e inmortales Andrés Segovia (1893/1987), Regino Sáinz de la Maza (1896/1981), y Narciso Yepes (1927/1977)”.Lo que explica muchas cosas…

