La dieta mediterránea es comida. Y mucho más. Un modo de vida que trae salud y alegría. Reconocida como Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, España e Italia se comprometen a extenderla al resto del mundo
Cristina Brizzolari tuvo que llenar de ranas los campos del Piamonte italiano para producir el arroz que hoy cocinan afamados chefs. “Me dijeron que había muchas ranas, pero no las vi. Los abonos químicos las habían matado”. Tuvo que traerlas de una en una para crear un ecosistema natural. Ha sido su contribución a desarrollar una agricultura respetuosa con sus orígenes. Italia y España unen sus esfuerzos para extender al resto del mundo la conocida como dieta mediterránea, algo que va mas allá del comer.
A la dcha, el embajador de Italia, Don Giuseppe Buccino Grimaldi, a la derecha, en un momento de la presentación de “Sabores en diálogo”. Foto: María José Cavadas.
“Es un estilo de vida”, aseguró el embajador italiano Giuseppe Buccino Grimaldidurante la sesión dedicada a destacar el patrimonio culinario compartido por ambos países, celebrada en Madrid.
Italia y España se han aliado para exportar al resto del planeta un “modo de vivir”que alberga la característica esencial que debe incluir cualquier proyecto: sostenibilidad. La conocida como dieta mediterránea, fundamentada en el uso de alimentos frescos y aceite de oliva, no se limita a lo puramente alimenticio, sino que va acompañado de formas de existencia que garantizan la salud y la alegría.
Responde Luis Suárez de Lezo, presidente de la Real Academia de Gastronomía. Foto: María José Cavadas.
Comer lo que pillo
¿Por qué viene tanta gente a vernos? Por nuestro modo de vida, responde Luis Suárez de Lezo, presidente de la Real Academia de Gastronomía. La huerta y los olivos son fortalezas comunes de España e Italia para hacer frente a un “momento de amenazas”. Ambos países deberán unir sus fuerzas para hacer valer que el aceite de oliva es un “jugo de fruta natural”, nada que ver con las grasas procesadas donde numerosos lobbies quieren clasificarlo.
Gregorio Varela, investigado y nutricionista. Foto: María José Cavadas.
Pero quizás, la mayor preocupación viene por el retroceso en los hábitos alimenticios tradicionales. “Pregunto a los alumnos qué comen cuando llegan a casa y responden: lo que pillo”. La respuesta sobrecoge a Gregorio Varela, catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad San Pablo -CEU de Madrid. Investigador, perteneciente a una saga de ilustres nutricionistas.
Lo que pillan los encuestados suelen ser alimentos ultraprocesados, repletos de azúcares, grasas de las malas y sustancias adulteradas. El 62% de las calorías consumidas en Estados Unidos proceden de ultraprocesados, responsables directos de las elevadas tasas de obesidad y colesterol. Pero no hay que ir tan lejos para toparse con datos tan negativos, en España, hasta hace poco tierra de legumbres, las nuevas generaciones se alejan de la cocina lenta.
“Comer es la actividad más importante que hacemos. Comemos tres veces al día y eso tiene mucha importancia. Hay que educar a los niños”, reclama Francisco Vaño, considerado un “sabio del aceite”.
Las evidencias científicas destacan que allí donde se alejan de la dieta mediterránea aumenta la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Aunque sin evidencias contrastadas, si parece que hay relación entre el consumo de ultraprocesados y los cánceres de mama y colorrectal así como con algunas enfermedades degenerativas.
La contundencia de los datos que relacionan la comida consumida en los países ribereños y sus efectos en la salud convencieron a la Unesco para declarar en 2010 la Dieta Mediterránea como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Título que espera alcanzar la cocina italiana en los próximos días en el encuentro que se celebrará en India.
La declaración de Patrimonio de la Humanidad, exige un trabajo constante por atraer a las nuevas generaciones hacia formas de comer acordes con la historia, la tradición, el respeto a la tierra. ”Hacerles ver que no es algo antiguo”, explica Stefano Pisano, alcalde de Pollica y portavoz de la Comunidad Emblemática de la Unesco de la Dieta Mediterránea.
El compromiso asumido por España e Italia y que estuvo en boca de sus representantes diplomáticos trasciende a la comida. Se trata proteger un estilo de vida. “Y quienes lo siguen viven más y con salud”, reiteró Pisano.
Cristina Brizzolari, fundadora de la marca «Riso Buono. Foto: María José Cavadas.
La Gastronomía se ha convertido en una actividad transversal que abarca la salud, la cultura, y la economía. La cadena alimentaria es el primer sector de la economía y genera 70.000 millones de euros. “A diferencia de otros sectores, no se mueve de Italia” subrayó Luigi Scordamaglia, director general de Filiera Italia y de Coldiretti.
El desarrollo de la Gastronomía va más allá de la dimensión económica. Cuando Cristina Brizzolari, fundadora de la marca «Riso Buono», abandonó su carrera como gestora inmobiliaria para convertirse en agricultora, en el Piamonte se producían cinco variedades de arroz. Hoy día, un comensal puede degustar doscientas.
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