‘El Falsificador’: la serie de Netflix que narra cómo el Estado italiano sacrificó a Aldo Moro

  • La trama arranca con la vida de tres amigos de un pequeño pueblo de la Italia del norte que se desplazan a la Roma convulsa de los años 70

La historia de Italia se ha escrito a menudo en los márgenes de los documentos oficiales. ‘El Falsificador’ (Il Falsario), la serie de Netflix recién estrenada, dirigida por Stefano Lodovichi, se adentra en esos márgenes para relatar el secuestro de Aldo Moro desde una perspectiva inusual: la de Toni Chichiarelli (interpretado por Pietro Castellitto), un artista del engaño cuya pericia con la pluma y el pincel fue utilizada para decidir el destino de una nación. La producción abandona los despachos oficiales para mostrar al Ministerio del Interior manejando los hilos de la tragedia desde la sombra.

La trama arranca con la vida de tres amigos de un pequeño pueblo de la Italia del norte que se desplazan a la Roma convulsa de los años 70. Estos personajes, que interactúan bajo una apariencia de camaradería cotidiana, ocultan vidas que sirven para explicar los Años de Plomo. El protagonista, Toni, es un hombre con talento, pero carente de ambición y desconocedor de las intrigas romanas, una característica que lo convierte en el candidato ideal para ser utilizado por el Estado profundo.

A medida que avanza el metraje, queda claro que Chichiarelli no es consciente de la magnitud del juego en el que participa. Él cree que sus trabajos de falsificación son encargos aislados o favores dentro de un círculo de influencias, cuando en realidad cada trazo de su mano está diseñado para boicotear la liberación de Aldo Moro. Su figura representa al ciudadano que, por omisión o desconocimiento, acaba siendo cómplice de la maquinaria estatal.

La serie asume una tesis histórica valiente: al régimen italiano le interesaba la muerte de Moro. El político democristiano impulsaba el «Compromiso Histórico», una estrategia para abrir el gobierno al PCI- Partido Comunista de Italia- dirigido por Berlinguer. Este movimiento amenazaba el equilibrio de poder durante la Guerra Fría y los intereses de las élites italianas.

La producción detalla como las instituciones hicieron todo lo posible para evitar el rescate. Un punto clave es el papel del Vaticano. La Santa Sede, bajo el impulso de Pablo VI, había reunido una suma millonaria para pagar el rescate de Moro. Sin embargo, el Ministerio del Interior intervino para sabotear este canal de financiación. Las presiones políticas obligaron a la Iglesia a retirarse, dejando a Moro sin su última oportunidad de supervivencia.

La presencia de la mafia, concretamente de la Banda de la Magliana, es constante en el relato. No aparece como un elemento externo, sino como una extensión del propio Estado. El director Stefano Lodovichi subraya que la frontera entre el crimen organizado y el Ministerio del Interior era inexistente. La mafia aportaba la logística y el silencio necesarios para que los planes del Gobierno se ejecutaran sin dejar rastro oficial.

El reparto refuerza esta veracidad

Pietro Castellitto otorga a Chichiarelli una humanidad que permite al espectador empatizar con el engaño que sufre. Los actores secundarios, que interpretan a los amigos y a los enlaces del Ministerio, mantienen interpretaciones secas y directas, evitando el histrionismo, mientras que la dirección de Lodovichi opta por una estética fría, acorde con la Roma de los años 70, donde la tensión se siente en los silencios y en las calles vigiladas.

El asesinato de Aldo Moro no se presenta en esta obra como un fallo de seguridad, sino como un éxito del sistema. Al eliminar a Moro, el Ministerio del Interior logró frenar la entrada de la izquierda en el gobierno y mantener el orden establecido. Toni Chichiarelli, el falsificador, termina siendo la víctima indirecta de una trama que nunca llegó a comprender . Sus «comunicados» falsos de las Brigadas Rojas fueron los que guiaron a la opinión pública hacia la aceptación de un desenlace fatal.

‘El Falsificador’ es una pieza necesaria para entender que, en la política italiana de finales de los 70, la verdad era un material maleable. La serie demuestra que, para que el régimen sobreviviera, fue necesario sacrificar a su hombre más brillante y utilizar a un falsificador para escribir el guion de su muerte.