-A qué huele este vino?
-A Verín en verano. Cuando llueve
Si hubiera respondido Ingrid Bergman, el diálogo hubiera entrado en la historia, como Casablanca. Pero, al contrario que Casablanca (1942) el diálogo se produjo en el mundo real. Lo cuenta Víctor Paadin, sumiller (Bodega Terra do Cigarigarrón) ” Cuando el agua de lluvia se evapora libera partículas volátiles del suelo de pizarra. Así le olía el Mara Moura a su entonces novia.

De pizarra, granito y arcilla se componen los suelos sobre los que crecen los vinos de la Denominación de Origen de Monterrei, “la más joven de toda Galicia”. Joven y decidida a dar guerra para encontrar el reconocimiento que cree merecer.
Se trata de una superficie de 520 hectáreas situadas al sureste de Orense, lindando con Portugal. No busca para nada dar un estirón rápido como de adolescencia, sino el crecimiento lento. El paso busca para uro para mantener altos niveles de calidad. El momento más feliz de Natalia González, miembro de la DEO Monterrei, es cuando un viticultor joven entra en la sede para dar de alta nuevos viñedos. A la denominación se acaban de unir otros dos municipios, con lo cual ya son ocho los que apuestan por dedicar su vida a una industria milenaria que casi llega a extinguirse en la década de los sesenta del pasado siglo por una mezcla de crisis económica, emigración y tristeza.
El vino volvió con fuerza en los ochenta para convertirse en la principal industria de la región, anteriormente lo fue el agua a través de balnearios y termas. Con nuevas plantas y nueva energía. ” Somos carácter, esfuerzo e ilusión”, declara la Denominación de Origen Monterrei.
Ni moda ni postureo
La recuperación de la viticultura no es moda importada, ni “postureo”. Es milenaria en la zona. Entró de la mano de los romanos, más de dos mil años atrás, como prueban los lagares rupestres, más de 60 esparcidos por la zona. Sudor y sangre le ha costado a la familia Paadin demostrar que el vino está en los genes de sus habitantes y de ello hablan sus piedras.
Alejandro Paadin, uno de los tres hermanos que, junto a su padre, consagra sus días y sus noches a investigar, vivió la amargura de sentirse rechazado y negado por arqueólogos. La “cabezonería re” permitió que sacaran a la luz vestigios de lagares construidos en la roca para pisar y producir vino. Alejados de las poblaciones por una razón puramente logística, para facilitar el pisado y recogida del mosto, los lagares acreditan un pasado vitivinícola.
Cabezonería de padre y mucha fe necesitaron los Paadin para sobreponerse al desdén de académicos que “años después defendieron tesis doctorales sobre algo cuya existencia habían negado”. La historia afloró en el grupo escultórico “Dionisos y Ampelos”, hoy en el Museo Arqueológico de Orense, descubierta por un familiar de Natalia en la villa romana de Amuradella de Mourazos, actual Verín, que acredita la profunda ligazón con el vino.
Las órdenes religiosas contribuyeron a expandir el cultivo por la comarca y abunda documentación sobre el V Conde de Monterrei, Gaspar de Zúñiga Acevedo y Velasco, nombrado virrey de México y Perú por Felipe II que llevó al nuevo mundo plantas y personas especializadas en las prácticas vitícolas.
Orgulloso de su tradición milenaria, Monterrei, se reinventa y quiere contarse al mundo. Y se cuenta a sí mismo con ojos de comunicador de siglo XXI. A través de emociones.
El milagro de Puri
Purificación García (bodega Triay), nada que ver con la diseñadora de ropa, asegura que nació entre uvas. Sus padres, abuelos y hasta donde les llega la memoria, trabajaron el valle. Hoy día, las vides crecen también en la ladera, la diferencia de suelos y radiación solar, hacen que el godello, variedad rey en la zona, la treixadura, la mencia o el merenzao, se expresen de forma distinta.
Las conexiones que crea el vino pueden entrar en el terreno de la fantasía. Puri cuenta como la helada de 2017 que se llevó por delante la producción de todos los agricultores, la llevó a hablar con las vides. Del mismo modo que Escarlata Ohara juró y puso a dios por testigo que jamás volvería a pasar hambre (Lo que el viento se llevó, 1939), ella rogó a la vid que no se congelara “por cariño a su padre que les había dedicado la vida entera”. Al poco, salieron tímidamente los nuevos frutos. El episodio, que podría considerarse parte de la literatura fantástica, contó con la alianza de la geografía. La montaña que la rodea sirve de pantalla protectora a los vientos gélidos.

“Monterrei es un espacio de transición”, coincide David Barco, delegado del grupo de Grandes Pagos Gallegos. Pertenece a Galicia, pero es el menos gallego de los territorios. Cuando llegas a A Goudiña (considerada la puerta de Galicia), el verdor te puede engañar. El calor extremo del verano y el frio del invierno te habla de un clima continental. “Somos oceánicos, pero también continentales”, afirma Barco. Incluso en el momento de la vendimia se pueden dar hasta 20 grados de diferencia entre la noche y el día. Esta característica se refleja en su vino. Es la parte menos celta de Galicia. Para abundar en la “castellanización” de la zona interviene el rio Tamega, afluente del Duero. De ahí que muchos la denominen “La otra ribera”.
Si Monterrei es un espacio de transición entre Castilla y Galicia, el mismo principio aplica al godello , variedad rey. Si el albariño se percibe excesivamente aromático, ahí está él para frenar la tendencia y proporcionar un toque de austeridad a la copa.
Aventura hedonista
Para quienes no “sepan de vinos”, como es el caso de quien escribe estas líneas, la experiencia del vino puede ser una gran aventura. Por el espacio gigantesco que abarca y el “hedonismo” que alberga. Una mezcla sugerente para el viajero urbanita, generalmente bien dispuesto a las novedades.
Sin embargo, como todas las disciplinas, bien lo saben quién practica yoga, tai-chi, judo o natación, el aprendizaje tiene su metodología que no es otra cosa que el modo más amable de acceder al conocimiento.
Aprender de vinos, dice quien escribe que es urbanita hasta la cepa, necesita de un maestro-guía. Un conocedor del mapa.
Paadin (Alejandro) considera que el viaje por el vino tiene que ir indisolublemente unido al territorio. Las sensaciones que provoca dependen del suelo donde crece la planta. Se trata de encontrar el “Paisaje en una botella” (Guía de Vinos, Destilados y Bodegas de Galicia, 2025).
El lenguaje del vino se compone de sensaciones. Palabras como untuoso, aterciopelado (Barco),
Roberto Verino, diseñador, una vida consagrada a crear belleza, ha enterrado su bodega (Gargallo) para no interrumpir la contemplación del Castillo de Monterrei. Verino, de los pocos creadores que ha mantenido el pulso en el terreno de la viticultura, entiende la excelencia como “un refugio”. Una filosofía salvadora. En su particular catecismo hay dos leyes: La primera son las 3L´s: limpieza, limpieza y limpieza. La segunda, “seducir los sentidos”.

Su bodega, respetuosa con el paisaje, con el vino, con el consumidor, recuerda a otros lugares como La Toscana, mimados en las guías turísticas. “Quien me visita, asegura que esto es mucho mejor”, palabra de Verino.
La visión de Verino se suma al consenso de los miembros acogidos a la Denominación de Origen. “Es la visión de territorio”. Otra forma de contar quién eres. En definitiva “el paisaje en una botella”
