- La feria de referencia del turismo ha cumplido en esta edición 46 años
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En el año 1979, España era un país que estaba aprendiendo a profesionalizar sus grandes industrias. Por aquel entonces, yo ocupaba la Subdirección General a cargo de las relaciones con el sector privado en la Dirección General de Promoción del Turismo.
Un día de aquel año, recibí la visita Javier Gómez Navarro, entonces director de la revista Viajar, acompañado por Alfonso Seoane, un ejecutivo del sector de las agencias de viajes. Me presentaron una propuesta original para la que buscaban apoyo institucional: crear una Feria Internacional de Turismo en Madrid centrada en el mundo iberoamericano, que no compitiera con los dos gigantes ya instalados: la World Travel Market de Londres (noviembre) y la ITB de Berlín (marzo).
Se lo planteé al director general Luis Miravitlles. Él aceptó que colaboráramos en el montaje, pero, me dejó las manos libres. En aquel momento, no consideró que fuera una cuestión que necesitara su involucración directa.
El proyecto tomó velocidad. Enseguida se sumó Iberia, cuyo presidente, Felipe Cons, asumió la presidencia del Comité Organizador y la Cámara de Comercio de Madrid a cuyo frente estaba Adrián Piera que también presidia la recién nacida IFEMA. Ambos aportaron trabajo y eficacia desde el primer momento.
El Ayuntamiento de Tierno Galván apoyó la propuesta desde el inicio entendiendo que Madrid necesitaba ese escaparate. El sector privado cerró filas con nosotros a través de los presidentes de las asociaciones: Juan Careaga (agentes de viajes) y Julio González Soria (turoperadores).
Así, el 30 de enero de 1981, los reyes inauguraron la primera edición de FITUR en el Palacio de Cristal de la Casa de Campo. Las cifras, vistas hoy, parecen modestas, pero entonces fueron un hito: 1.500 expositores de 37 países y la asistencia de 3.000 profesionales. En aquel entonces, nunca imaginamos que ese embrión se convertiría en lo que es hoy.
Mi vínculo con la feria se estrechó tras mi nombramiento como director general de promoción del turismo en diciembre de 1982. Seguí en el Comité Ejecutivo hasta julio de 1985, momento en el que pasé a dirigir Turespaña. Al ser este un organismo autónomo de carácter comercial ya no podía formar parte de la representación institucional, pero seguí participando en las actividades de la feria hasta mi jubilación.
A comienzos de los noventa, se produjo el gran cambio: IFEMA se trasladó a sus actuales emplazamientos en el Parque de las Naciones. Este nuevo espacio permitió una asistencia masiva. Fue entonces cuando FITUR consolidó su personalidad propia: el gran encuentro de negocios que, al llegar el fin de semana, abría sus puertas a decenas de miles de visitantes.
Gracias al éxito de FITUR se organizan toda una serie de eventos relacionados con el sector como la reunión de ministros latinoamericanos de turismo CIMET organizado por NEXOTUR y los foros HOTUSA y EXCELTUR que analizan la situación del mercado con la participación de personalidades nacionales y extranjeras . Madrid respira turismo durante toda la semana.
En la edición de este año FITUR cumple 46 años con juventud y fuerza una vez superadas las dificultades originadas durante la pandemia.
En este camino, el trabajo de sus directoras, como Ana Larrañaga y Yolanda Aguilar, ha sido fundamental para mantener el timón en tiempos de cambio
Hoy, las «tres grandes» (Berlín, Londres y Madrid) han aprendido a convivir. No tiene sentido discutir cuál es la mayor, porque cada una ha elegido un camino distinto.
Desde la pandemia, tanto la ITB como la WTM han dado un giro radical: han dejado de recibir al público para centrarse exclusivamente en las relaciones profesionales. Son «clubes de ventas» . FITUR, en cambio, ha mantenido su alma. Sigue siendo una fiesta del turismo donde el ciudadano participa y llena los pabellones el fin de semana.
En esta edición cumple 46 años llenos de energía y entusiasmo. Felicidades.
