Que me corrija el gastrónomo. Pero, tengo para mí, que el despertar de este país a la cocina internacional se produjo a través del rollito primavera. En Madrid no eras nadie si no te atrevías a usar los palillos, aunque fuera por unos segundos antes de pedir un tenedor al camarero. Que me corrija el financiero, pero el primer atisbo de la economía oriental vino con “el chino de abajo” que permanecía abierto 24/7 como se denomina ahora a trabajar de sol a sol. Y que me corrija el filósofo, pero la mayor barrera cultural que percibíamos no era el idioma. Era la paciencia.
Tópicos que han actuado como anticipo a un conocimiento un poco más fundamentado de China. La magnífica exposición sobre los Guerreros de Terracota supuso un calambrazo y los chistes sobre la dificultad de los nativos para pronunciar la erre se difuminaron. Aventureros del pasado siglo se acercaron al mito de la ruta de la seda y las conquistas de Marco Polo. Las relaciones comerciales y diplomáticas fueron ocupando los telediarios y la Gran Muralla se hizo más familiar.
Ahora desembarca, verbo puesto con toda intención, la provincia de Jiangsu. Situada al este de China, con una superficie de 107,200 kilómetros cuadrados, es un gigantesco parque acuático atravesado por el rio Yangtsé, el mar Amarillo, el Gran Canal y el Lago Tai. Jiangsu, es agua. Y ha desembarcado en el Centro Cultural de China en Madrid para mostrar su riqueza cultural que “no es solo una herencia milenaria, sino una emoción”, según destacó su directora.
La cuarta provincia más poblada de China, una de las más desarrolladas, con mejores datos del sector manufacturero, con mejores ratios de inversión extranjera, es “océano y seda”, según la describió Antonio Miguel Carmona, presidente de la Asociación de Amigos de China y “ciudadano chino” de corazón. Deslumbrado por la historia de aquel país, Carmona ha absorbido su ideario y lo predica.” Aquello en lo que nos esforzamos da sus frutos”.
Sobre estos dos pilares, el agua y la seda, se levanta la exposición “Tejiendo Agua en Seda, Encanto Oriental”, que refleja “la vida poética oriental”, en palabras de Quian Ning, vicedirectora Cultural de la provincia de Jiangsu. La ceremonia de apertura, presidida por el embajador Yao Jing, repleta de simbología, mostraba el interés por impulsar las relaciones comerciales y diplomáticas entre ambos países, en vísperas de la visita que realizará el Rey Felipe VI a China.
Disponen los madrileños un mes para asombrarse con la reproducción de telares tradicionales, con la delicadeza de los tejidos, lo etéreo de los bordados, la sutileza de los colores, y si se toman el tiempo suficiente, llegarán a la conclusión de que cada puntada en realidad dibuja un trazo en el agua.
Tras recorrer la exposición, se tiene la impresión de que los tópicos toscos del principio han sido necesarios para preparar el camino, antes de mostrar parte del alma de un país, que aún, pese a internet, sigue siendo un profundo misterio.
Exposición de Arte Textil “Tejiendo Agua en Seda, Encanto Oriental”
Centro Cultural de China. Calle General Pardiñas,73
Artesana bordando con seda. Foto: María José Cavadas
Telar de pedal, muy utilizado en la antigua China Foto: María José Cavadas.
Capullos de seda. Foto: María José Cavadas.
Traje de ceremonia realizado en seda. Foto: María José Cavadas.
El embajador de China, Yao Jing, a la izquierda, junto a Antonio Miguel Carmona, durante la ceremonia de inauguración de la exposición. Foto: María José Cavadas

