Con Mentir para vivir, publicada por M.A.R. Editor, Carlos Miranda (El Cairo, 1943) –embajador de España en Londres, en la Conferencia de Desarme y dos veces embajador y representante ante la OTAN- se incorpora a la tradición de diplomáticos-escritores que han convertido su experiencia internacional en materia literaria. Esta es su primera novela, escrita después de su autobiografía Volver a levantarse, y funciona como una falsa novela biográfica que juega con la frontera entre memoria y ficción. El título es un acierto, ya que consigue resumir en tres palabras el comportamiento de los principales personajes.
El protagonista es un madrileño maduro, antiguo director del Instituto Cervantes en la ficticia capital de la también ficticia Guayana Federal, que se enamora de una judía estadounidense de origen español, que ocasionalmente es colaboradora del Mossad. A esa relación intensa y frágil se superpone la aparición de una noruega enigmática, tan seductora como ambigua, que resulta ser una espía rusa. El narrador se ve atrapado entre dos mundos afectivos y dos niveles de riesgo, en un juego de sombras que mezcla deseo, sospecha y diplomacia emocional.
La novela tiene ritmo, un tono irónico muy eficaz y escenas realmente originales. Una de las más memorables es la persecución encubierta por las calles de Madrid, donde el protagonista sigue a su amiga judía, que debería estar en otro sitio, intentando no ser descubierto… hasta que ella lo sorprende y la tensión desemboca en una escena erótica tan inesperada como cinematográfica en una habitación del Hotel Palace.
Desde el punto de vista político, el relato transmite la visión proisraelí del narrador, que impregna la mirada con la que se describen personajes y situaciones: los judíos aparecen retratados de forma positiva, mientras que los personajes musulmanes suelen ocupar el papel contrario. No es el resultado de un ensayo político, sino un sesgo narrativo coherente con la voz elegida para contar la historia.
El estilo es cuidado, con frases a veces ambiguas y otras precisas que recuerdan tanto al lenguaje diplomático como a la prosa reflexiva de sus memorias. Esa sintaxis elaborada da personalidad y densidad al relato.
En conjunto, Mentir para vivir es un debut novelístico sólido, entretenido y con momentos brillantes. Si esta obra marca el inicio de la etapa de Carlos Miranda como novelista, cabe esperar que continúe desarrollando este nuevo trabajo con la misma ambición narrativa.
