La filoxera arruinó las vides de Europa y permitió al pueblo manchego erigirse en la bodega del mundo
Circula la historia de un camionero cuyo vehículo se estropeó en un camino polvoriento. Un paisano se ofreció a sacarlo del trance arrastrándolo con su ciclomotor. Incapaz de creer lo que veía el camionero exclamó: “Verás cuando cuente en Madrid que me ha rescatado una mobyilette”.El motorista, sin embargo, pensó: “Verás cuando cuente en Tomelloso que saqué el camión a pedales”.
El relato ilustra el carácter de los naturales de Tomelloso (Ciudad Real, 37.000 habitantes). Una actitud vital que ha creado su propio verbo: tomellosear , dicese de quien se siente orgulloso de su origen, no tiene miedo al fracaso y sobrevive a cualquier desgracia. Incluso la convierte en una oportunidad de éxito. Para quien nunca haya puesto el pie en esa localidad conviene advertirle que no se deje llevar por imágenes preconcebidas. El conformista “sea lo que Dios quiera” nada tiene que ver con Tomelloso.
La historia del pueblo manchego se aproxima al realismo mágico. Circunstancias inesperadas, casualidades y personajes impredecibles se acumulan para dar lugar a una ciudad vibrante levantada sobre el polvo. Veamos.
Hace algo más de dos siglos el tatarabuelo del hombre de la mobyette era el vecino pobre de la cercana población de Socuéllamos. Desprovisto de identidad y sin ni siquiera el amparo de una patrona que velara por su destino. El universo operó para que un bichito secara las raíces de los viñedos de toda Europa. La filoxera empezó en Francia a finales del siglo XIX y se extendió por el continente. Pero la geología había jugado a favor de los tomelloseros cientos de siglos atrás regalándoles un suelo único. Una losa caliza que impide vivir al bicho exterminador que había acabado con toda la vid del viejo continente.Corrió la voz de que en un pueblo del interior de España, donde en invierno te pelas de frío y en verano no puedes salir a la calle del sol que quema, era el único lugar donde crecían racimos sanos. Así nació la mayor bodega del mundo.
Tierra bendecida
Los franceses agradecieron la ayuda prestada proporcionándoles materia prima con la que seguir elaborando sus afamados vinos y concedieron a Tomelloso permiso para usar la denominación de Coñac a los destilados por espacio de un siglo. El coñac Peinado, hoy pieza de coleccionista, proviene de aquella relación comercial. La diplomacia vitivinícola también ha estado muy presente con Jerez. Los vinos jerezanos han echado mano de los alcoholes de Tomelloso (la vid del sur no proporcionaba el grado exigido por el mercado británico tan amante del bien llamado“sherry”), creando una conexión especial entre ambos pueblos. “Sin Jerez no seríamos lo que somos y viceversa”, afirma Luis Fernández, director comercial de bodegas Verum. Fernández está dolido porque la relación no haya cristalizado en un hermanamiento institucional, como ha ocurrido con Lepe (Huelva). Será por los chistes, digo para mis adentros.
Luis Fernández, director comercial de Verum en la bodega.Foto:María José Cavadas.
Verum, bodega familiar artesanal, es un exponente de la evolución que ha experimentado el vino en Castilla La Mancha. ”Ahora se busca calidad”, afirma Fernández. En el imaginario vinícola La Mancha era la gran bodega de la que salía alcohol en todas direcciones mientras que su vino no era digno de las mejores mesas. A comienzos del siglo XXI se produce un relevo generacional, con una visión renovada del negocio e incorpora enólogos profesionales.
“El manto verde y la capa caliza la encuentras en la copa”
Elías López Montero, miembro de la familia propietaria de Alcoholes de Tomelloso Sociedad Anónima (Altosa) es uno de ellos. Estudia, investiga y viaja por el mundo. En 2005 regresa a su pueblo y crea la marca Verum (verdad, en latín) como línea premium de vinos. Dignifica la uva airén, recupera la tinto velasco, moravia agria y la albillo real, al tiempo que incorpora foráneas. Defensor de una vinificación ecológica y de la viña vieja.“La cepa de viña vieja puede dar entre uno y dos kilos, frente a los 18 de la joven”,añade Fernández.
“El tomellosero es una mezcla de bilbaino y catalán. El carácter ha generado el verbo tomellosear”
Tomelloso es una tierra bendecida por la naturaleza. La losa caliza que la cubre, (en algunos lugares supera los cuatro metros de grosor haciéndola resistente a terremotos) ha permitido excavar más de cuarenta kilómetros de cuevas sin necesidad de colocar soportes. El suelo ha determinado su brillante futuro. Suelo y lo que podría llamarse “gen tomellosero”, mezcla del orgullo bilbaíno y sentido empresarial catalán por resumir algunos de los tópicos nacionales.
El horizonte de Tomelloso engaña. Situado en plena llanura manchega, la perspectiva infinita puede convencerte de que la tierra es plana. Sin embargo, está a 700 metros sobre el nivel del mar. El viento pega fuerte y la escasa lluvia proporciona unas condiciones idóneas para la uva . El resto lo hace la paciencia y el silencio.
“El manto vegetal que recubre el suelo calizo es lo que encuentras en la copa”,añade el director comercial de Verum, orgulloso de lo conseguido con mezclas que hubiera sido imposible sin audacia y pasión.
Un tomelloso para cada ojo
El vino es una constante. Está en todas partes. Determina la geografía, arquitectura, calendario, costumbres y oraciones. La influencia divina llega a través de una patrona que lleva en la mano un racimo de uvas.
La localidad tiene contenido y respuestas para el paseante ocasional, el turista especializado, el estudioso y para quien llega en busca de oportunidades. Un tomelloso para cada ojo.
La capa caliza (tosca, como se la conoce), regalo de la geología, dibuja un Tomelloso a dos niveles. El de la superficie y el subsuelo excavado tras perforar la dura losa. Después se sacaba la tierra a pico y brazo hasta horadar las 2.200 cuevas que llegó a tener el pueblo (hoy sobreviven un centenar).La Asociación de Amigos de las Cuevas se encarga de proteger este patrimonio etnográfico, hoy sorpresa de visitantes, en otro tiempo medio de subsistencia. En época de vendimia los carros volcaban los racimos en las tinajas donde fermentaba tranquilamente el mosto. El CO2, llamado tufo en el argot, se liberaba a través de rejillas que salían a la calle a modo de respiraderos. Hoy las rejillas, denominadas lumbreras, también forman parte del interés turístico. Jesús Andújar, presidente de la Asociación explica que las cuevas permitieron a los tomelloseros hacer su vino.Pero“hay que ser sinceros: hemos vivido del alcohol. Tomelloso surte de alcohol a medio mundo”, puntualiza.
En los setenta del pasado siglo la economía da un paso de gigante al agruparse los productores en cooperativas.En ese momento, Tomelloso se convierte en la bodega del mundo. El vino de La Mancha supone el 60 por ciento de la producción de vinos en España. Las 67 destilerías del pasado se concentran hoy en cuatro y la localidad se preparó para el nuevo siglo que traería otro concepto y otras forma de expresión.
Las destilerías han dejado un reguero de un chimeneas (se conservan 35, la mitad, todas ellas distintas) que salpican el paisaje urbano. Una de las más famosas, la de Fábregas, se levanta a 40,70 metros. Lo elevado de la construcción se debe a la necesidad de sacar los gases a cielo abierto y no contaminar el pueblo. Hay quien presume a la bilbaína: “son tan altas porque nos gustan que se vean”.
“El vino está en la arquitectura, en el arte, en el calendario y en las oraciones”
El vino está también en la simbología. Con referencias constantes al papel que jugó la mujer en la construcción de las cuevas. Las famosas terreras. Formaban equipo con los picadores y extraían la tierra para formar los túneles donde albergar las tinajas y el mosto. Mujeres trabajadoras de carácter, las primeras en llevar pantalones. Por exigencia del trabajo, sí, pero las primeras, al fin y al cabo.
Esculturas de Plinio y don Lotario, personajes inmortales de García Pavón. Fot:María José Cavadas.
Arte y misterio
Pasear por Tomellososupone adentrarse en un realismo mágico donde los velos de la literatura dejan espacio al misterio. En la Plaza se levanta el Casino donde, si agudizas el oído, puedes escuchar las conversaciones del policía local, Plinio, con el boticario don Lotario, tratando de resolver crímenes y otros sucesos oscuros, en una especie de versión manchega de Sherlock Holmes. Plinio y don Lotario, nacidos de la imaginación de Francisco Farcía Pavón, dieron lugar a una serie televisiva que atravesó una época cuando no existía Netflix. García Pavón, escritor, crítico literario, llenó de misterio los silencios que nublan el cielo manchego. Sus personajes permanecen vivos en esculturas y murales callejeros.
Antonio López Torres (Tomelloso 1902-1987) pintó la siesta, la trilla, los niños jugando a las bolas, a las labradoras. Autodidacta, ha dejado su legado en el pueblo que le vió nacer y morir, en el museo, construido por su amigo el arquitecto Fernando Higueras, autor del Instituto del Patrimonio Histórico Español, localizado en Madrid y conocido como La Corona de Espinas. El edificio levantado en Tomelloso es una rara representación del estilo brutalista debido al cemento blanco que suaviza las formas. Antonio López Torres fue el primero en ver el talento de su sobrino Antonio López García y le ayudó a matricularse en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Hoy las esculturas Noche y Luna, del pintor hiperrealista, descansan a la entrada del Museo.
Historial del Titanic
La mejor expresión del “espíritu tomellosero” está en la autodenominación de “La Atenas de la Mancha”por la cantidad de personajes ilustres: García Pavón, Antonio López(tío y sobrino)”, el poeta Félix Grande,así como otros a los que las crónicas atribuyen una conexión tangencial, pero que Tomelloso se los ha apropiado. La historia del matrimonio formado por Víctor Peñasco y Maria Josefa Pérez Soto son de esas que gusta contar en las tranquilas tardes manchegas. Iniciaron una larga luna de miel acompañados del mayordomo y la criada. Tras un año de viaje, en París encuentran un folleto del Titanic. No dudan en embarcarse, pero dejan en la capital francesa al mayordomo para que envíe postales a los familiares que les habían recomendado evitar embarcarse. Tras el hundimiento solo consiguen sobrevivir Josefa y la criada (los botes salvavidas daban prioridad a mujeres y niños). Josefa queda viuda sin posibilidad de casarse de nuevo porque el cuerpo de Víctor no aparecía. Tiempo después se encontró un cadáver anónimo y el influyente abuelo de la familia pagó lo que hizo falta para que se atribuyera la identidad de Víctor.
Buena parte de las historias y mitos están escritas en sus paredes. Llama la atención la cantidad de murales que las recorren. Unos pintados de forma espontánea, otros promovidos por el Ayuntamiento a través de concursos. Por allí desfilan los personajes de García Pavón, el niño de las canicas de Antonio López, Félix Grande….. Esta forma de arte urbano, la mayor parte concentrado en el barrio de la Esperanza, dice mucho del tono vitalista de la localidad.
El campo ofrece aún la sorpresa de la arquitectura de la piedra seca. Los populares bombos, construcciones levantadas con las piedras que estorbaban para plantar vides, son joyas etnográficas. Servían de vivienda a los agricultores y las mulas mientras labraban. Hablamos de una época en que no había tractores y desplazarse a ocho o diez kilómetros consumía media jornada. Se levantaban colocando las piedras de tal forma que no necesitan argamasa. “Hoy nadie sabe construir así”, reconoce la cuidadora del Museo del Carro.
“Hay un tomelloso para cada ojo. Para el turista, el estudioso, el gastrónomo”
«El tomellosero es emprendedor y orgulloso”,definición de Rocío Valentín, concejal de Turismo y Promoción Económica, “Hemos tenido que salir adelante. Estamos en mitad de un secarral y solo había un pozo, el Tomilloso”, que hoy da nombre a uno de sus vinos más prestigiados. “No somos solo cuevas y vino”,interviene Antonio María Calvo López, concejal de Educación y gestión del Medio Ambiente.“Es una ciudad vibrante, emprendedora y su gente es curiosa”.
Gastronomía y devoción
Tomellosear es sentarse en el Mercado de Abastos un sábado por la mañana a tomarse la reconocida tapa de tomate, queso o unas migas, por ejemplo. El mercado es otro ejemplo de la iniciativa local. Un madrileño reconocerá inmediatamente la techumbre que lo flanquea por el parecido con la estructura de la T-4 del aeropuerto de Barajas. Se trata de una construcción con paneles solares que alimentan de energía al mercado, fruto de un proyecto de sostenibilidad financiado con fondos europeos . “Los tomelloseros somos muy de lo nuestro. Aquí no verás Macdonals”, incide Calvo.
Por lo nuestro se entiende la devoción por la Virgen de las Viñas, patrona de la localidad, cuyo santuario es centro de peregrinación. Si no llega a ser por el sacerdote Agustín Luján, posiblemente los tomelloseros seguirían compartiendo patrona con Villarta y la Solana, pero el agustino azuzó el ego.“Cómo un pueblo tan rico e importante”no iba a tener su protectora de cabecera? Aquello les llegó al alma. Quedaba pendiente elegir el nombre. La votación popular propuso el de Virgen de la Copa del vino Tinto, pero el sacerdote “por miedo a ser excomulgado» impuso el más razonable de Virgen de las Viñas, relata Antonio Bellón, ingeniero de Caminos y guía turístico.
“La Virgen, que ostenta el cargo perpetuo de alcaldesa de Tomelloso, tiene su santuario y mayordomo”.
La Virgen, que ostenta el cargo perpetuo de alcaldesa de Tomelloso, tiene su santuario y mayordomo. Félix Godoy, se ocupa del vestuario y joyero, así como como del protocolo de procesiones y rosarios.
Toneles firmados por los Reyes de España en Virgen de las Viñas. Foto:María José Cavadas.
La patrona ha dado su nombre a la cooperativa “más grande del mundo”. Virgen de las Viñas, nacida en 1961, cuenta con más de tres mil socios. Los quince fundadores ni siquiera pudieron imaginar las proporciones que alcanzarían. El viejo lagar es hoy un Museo Etnológico. 25.000 botellas circulan cada hora por la planta embotelladora. Si en el XVI Tomelloso abastecía de vino a la Corte, en 2016 los Reyes de España devolvieron la visita. Virgen de las Viñas es un santo y seña.Tres millones de kilos de uva recogen cada campaña de la que salen la gama alta Lienzo y el clásico Tomillar. Visitar la planta es un deleite por la combinación de elementos analógicos (carros, piezas de labranza) y experiencias gamificadas para conocer los vinos. El retoque de tambor llega con el Museo de Arte Contemporáneo, iniciado con un Certámen Cultural en 2001, hoy acoge obras de Picasso, Miró o Canogar, entre otros clásicos.
La localidad no da tregua. A cualquier hora del día, de la semana, invierno o primavera, encuentras algo que hacer. “Tenemos encuentros deportivos, certámenes literarios, ferias de alimentación”. Rocío Valentín desgrana la agenda como una cinta sinfín. En breve, se inaugurará el primer hotel de cuatro estrellas, un experimento arquitectónico modular. Llevará el nombre de Francisco Carretero, agricultor, alcalde, pintor, benefactor de Tomelloso.La localidad se prepara para sacar a la luz otro proyecto arquitectónico de interés, la recuperación de un barrio a punto de hundirse en el suelo arenoso. La lista es interminable, como demostración palpable de un pueblo inquieto.
Pedro Belmonte, en su restaurante Orbe Kitchenbar,.Foto: María José Cavadas.
Emprendedor, orgulloso, y disfrutón. Así es Tomelloso. La prueba más patente es la gente que hay en la calle: paseando, comiendo, bebiendo. La nómina de restaurantes te deja boquiabierto. Aquí van algunos por si puede servir de guía: Orbe Kitchenbar, La Antigua, Marquinetti o Alhambra.
El sol se pone sobre los campos donde perdices, conejos y liebres son vigilados de cerca por predadores, cernícalos, águilas perdiceras, hurones. Las vides de los labradores lindan con las de aristócratas y empresarios de éxito. La misma perdiz que camina por el camino polvoriento donde el tomellosero arrancó el camión con su mobylette, cruza de un salto a la finca de algunas de las grandes fortunas como las hemanas Koplovich o Ana Patricia Botín. Incluso hasta puede que se tropiece con Carlos III de Inglaterra y su esposa Camila Parker Bowles.
Todo empezó junto al pozo Tomilloso.
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