El turismo español mantiene el pulso en el arranque de 2026 con un aumento del número de visitantes y del gasto registrado, pero los datos esconden una realidad menos optimista de lo que sugieren los titulares
Lo primero que hay que hacer al analizar las cifras del primer trimestre del año turístico es poner la lupa sobre el mes de marzo por separado. En él empiezan a apreciarse los efectos colaterales de la guerra en Oriente Medio. Sin embargo, hay que ser cautos: los datos del INE, aunque positivos en apariencia, no nos ofrecen todavía una cifra que será vital cuando la conozcamos en unos meses: la cuota de mercado real de los destinos españoles y su comparación con el año anterior frente a nuestros competidores directos.
Incluso el propio mes de marzo nos aporta información limitada. Debemos recordar que la gran mayoría de los billetes de avión se compraron antes de que estallara el conflicto, y la distribución del gasto que vemos en las estadísticas todavía no refleja las subidas en los precios de los pasajes aéreos.
Estos días, los titulares de los medios recogen que el gasto ha crecido más del doble que el número de turistas. Suena bien, pero es una verdad a medias. En términos reales, una vez deflactadas esas cifras, el crecimiento es en realidad inferior al de años anteriores. Estamos facturando más, pero eso no significa que estemos ganando más.
Un ejemplo claro lo vemos en el alojamiento. El gasto en hoteles ha crecido un 13%, en términos nominales, pero este aumento se debe principalmente a la subida de precios que los hoteleros han tenido que aplicar para cubrir el incremento de sus propios costes operativos (energía, suministros y salarios). Lo preocupante es que este mayor desembolso en alojamiento se está haciendo a costa de gastar menos en los “extras”: los restaurantes, el ocio y las compras, que son los sectores que reparten la riqueza turística en nuestra sociedad.
En cuanto a los mercados, el panorama es desigual. El gasto de los turistas procedentes de Francia y de los países nórdicos ha disminuido, una caída que se ha visto compensada por el empuje de los visitantes italianos y estadounidenses. Por su parte, el Reino Unido y Alemania muestran crecimientos modestos, que se deben, en gran medida, al desvío de clientes que han dejado de ir a Turquía o Egipto buscando la seguridad de nuestras islas y costas. Somos, de nuevo, un destino refugio.
Con estos resultados sobre la mesa, las perspectivas para el verano apuntan a que el número de turistas extranjeros crecerá, y también el gasto nominal. Pero no crecerá en términos reales. Habrá que esperar a los informes de Exceltur, que probablemente explicarán cómo los resultados empresariales se quedarán en niveles similares a los del año pasado debido a la presión sobre los márgenes. En el lado positivo aparece el empleo, que sigue mostrando fortaleza.
En definitiva, tenemos motivos para estar satisfechos por el volumen, pero razones para estar alerta por la rentabilidad real. No todo lo que brilla es oro en este inicio de 2026. @mundiario

