Armenia llega al corazón de Tenerife: Samvel Harutyunyan expone en el Casino del Hotel Mencey

Del 16 de abril al 16 de mayo en el Tunel del Arte

Hay encuentros que marcan. Que te cambian la mirada para siempre, que te hacen entender que el arte no es decoración sino lengua viva, que un pintor no pinta paredes sino las capas más hondas de la emoción humana. Así fue mi encuentro con Samvel Harutyunyan en Ereván. Y así ha permanecido en mí, como una llama que no se apaga.

Fue durante uno de mis viajes a Armenia, tierra que guarda una de las culturas más antiguas del planeta y que a mí siempre me ha sacudido por dentro de una manera difícil de explicar. Quizás porque Armenia tiene algo que pocas naciones conservan intacto: la memoria como columna vertebral de la identidad. David Hovhannisyan, Secretario General de la Federación Mundial de Periodistas de Turismo y persona con quien me une una amistad que va mucho más allá de los protocolos institucionales, tuvo la generosidad de invitarme a cenar en la casa del artista. Y cuando David abre su puerta, abre mucho más que una puerta.

Su mujer y su hija nos recibieron con esa hospitalidad armenia que no se aprende ni se finge: es constitutiva, viene de siglos, está cosida en el ADN de un pueblo que ha aprendido a dar precisamente porque sabe lo que es que te quiten. La mesa estaba dispuesta como un altar laico: dolma envuelto con mimo, khorovats perfumando toda la estancia, lavash recién horneado que crujía entre los dedos como pergamino de oro, y ese vino armenio oscuro, casi violeta, que sabe a tierra fértil y a historia antigua. Los aromas que entraban por la nariz eran desconocidos para mí, pero extrañamente familiares, como si el cuerpo reconociera algo que la mente aún no había catalogado.

La conversación fluía con esa naturalidad que solo existe entre personas que se reconocen en lo esencial. Saltábamos del arte a la geopolítica del Cáucaso sin solución de continuidad, de la memoria del genocidio armenio a los sueños de un pueblo que ha sobrevivido lo inimaginable, de la situación de los periodistas en el mundo a la manera en que la cultura puede ser el último bastión cuando todo lo demás cede. Reímos también. Mucho. Porque la alegría, cuando es genuina, convive sin dificultad con la gravedad.

Después de cenar, nos llevó a su estudio. Y allí cambió todo.

Entrar en el taller de Harutyunyan es entrar en otro tiempo. No en el tiempo cronológico, sino en ese otro tiempo interior donde las cosas pesan lo que deben pesar. Sus lienzos no están colgados para ser vistos: están ahí para ser habitados. Nació en 1955 en Armenia, se formó en la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Ereván, y lleva décadas construyendo un universo pictórico que ha trascendido fronteras: sus obras forman parte de colecciones privadas en Europa, América y el mundo árabe, y ha expuesto en galerías de múltiples países, dejando siempre la misma impronta inconfundible.

Samvel trabaja esa frontera difusa, casi metafísica, que existe entre lo real y lo abstracto. Entre la Armenia que se puede fotografiar y la Armenia que solo se puede sentir. Sus temas recurrentes —los paisajes del Cáucaso, las figuras humanas suspendidas en la emoción, los músicos y bailarines atrapados en el instante justo antes de la nota—, se convierten en su mano en otra cosa: en estados del alma. Sus colores —ocres cálidos como pan armenio, azules profundos como el lago Sevan al atardecer, rojos como tierra volcánica, como sangre antigua, como amapolas en las laderas del Ararat— no son elecciones estéticas: son afirmaciones identitarias. Cada pincelada es una declaración de pertenencia.

Recuerdo haberme quedado parado frente a uno de sus cuadros sin saber exactamente qué estaba viendo, pero sintiéndolo todo. El pecho apretado, los ojos que no querían moverse. Eso, que parece un defecto del espectador, es en realidad el mayor mérito del pintor. Harutyunyan consigue que la emoción llegue antes que la interpretación, que el corazón entienda antes que la razón. Y cuando finalmente la razón llega a poner palabras a lo que has sentido, descubres que lo que sentiste no tenía palabras posibles. Solo pintura. Solo eso.

Y hay algo más que hace a este artista absolutamente excepcional: su dimensión humana. Samvel dona la mitad de los ingresos de la venta de sus obras a fundaciones dedicadas a causas sociales y culturales. El arte como acto de amor. El pincel como herramienta de transformación. En un mundo donde el arte se ha convertido demasiadas veces en activo financiero, en inversión de portafolio, Samvel lo ejerce como lo que siempre debió ser: vocación humanitaria, compromiso con la vida.

Ahora ese universo que yo conocí en un estudio de Ereván llega a Santa Cruz de Tenerife. Y hay que dar los nombres de quienes lo han hecho posible, porque el arte no llega solo a ningún sitio: alguien tiene que tender el puente.

Ese alguien, en este caso, tiene nombre: José Marrón Herrera, Consejero Delegado de las Sociedades Públicas del Cabildo Insular de Tenerife, responsable de Casinos de Tenerife, es el artífice institucional de esta exposición. José Marrón lleva tiempo demostrando que la cultura no es un ornamento de la gestión pública sino su columna vertebral. Bajo su impulso, el Túnel del Arte del Casino de Santa Cruz, en el Hotel Mencey, se ha convertido en un espacio de referencia real para el diálogo cultural, capaz de traer a esta isla lo mejor del arte internacional con una visión que mira lejos. Esta exposición de Samvel Harutyunyan es, en ese sentido, una nueva prueba de lo que puede conseguirse cuando la voluntad política se alinea con la sensibilidad cultural.

Del 16 de abril al 16 de mayo, la sala acoge 35 cuadros de la colección privada de David Hovhannisyan, Secretario General de la Federación Mundial de Periodistas de Turismo. Una colección que es también una historia de amor a Armenia, construida durante décadas con la misma dedicación con que su familia ha contribuido a la cultura y la ciencia de ese país del Cáucaso. Treinta y cinco ventanas abiertas a un mundo que no conocemos tanto como deberíamos. Treinta y cinco razones para detenerse.

La exposición puede visitarse todos los días de 18:00 a 21:00 horas, y los domingos de 11:00 a 14:00 horas. La entrada es libre.

Yo ya sé lo que me espera cuando vuelva a estar frente a esos lienzos. Sé que volveré a Ereván sin moverme de Santa Cruz. Sé que volveré a aquella mesa, a aquellos aromas, a aquella risa larga que se mezclaba con el vino oscuro. Sé que volveré a aquel estudio donde un hombre nacido en una tierra que el mundo a veces olvida me enseñó, sin decir una palabra, que el arte no explica la realidad: la sobrevive.

No se la pierdan.

Miguel Ángel González Suárez es director de La Diez Capital Radio y presidente de FIJET España, Federación Mundial de Periodistas de Turismo en España.